Por qué Ucrania no se rinde: resistencia, coste y geopolítica
El debate sobre la negativa ucraniana a capitular ante una potencia militar muy superior lleva años abierto. La pregunta inicial, planteada con crudeza, es si no sería más lógico rendirse para ahorrar muertes, refugiados y destrucción, y desde esa posición de sumisión continuar con las sanciones y utilizar el victimismo como arma. La respuesta corta es que, según varios participantes, Ucrania no decide sola. La respuesta larga implica honor, historia, dependencia exterior y un cálculo estratégico que no cuadra con la lógica humanitaria.
El argumento humanitario: rendirse para ahorrar sufrimiento
La tesis inicial sostiene que el afán defensivo no se corresponde con el mensaje occidental de «no a la guerra». Si el enemigo es mucho más poderoso y no pierde tanto, capitular ahorraría muertes, refugiados y destrucción. El ejemplo histórico que se cita es Francia en la II Guerra Mundial: el gobierno firmó un armisticio antes de que muriera un solo civil, no les cayó una bomba en las ciudades, y cuando los aliados iban ganando se apuntaron al caballo ganador.
150.000 muertos entre alemanes y franceses fue el coste militar de aquella derrota, según un participante. La comparación busca demostrar que la resistencia no siempre es la opción más racional.
El argumento del honor y la identidad
Frente a esa lógica, otra corriente defiende que hay pueblos que escriben su historia con sangre y luchan hasta vencer o morir. Se citan los espartanos, los numantinos, los españoles ante Napoleón, los británicos, los afganos o los vietnamitas.
«Es imposible ser el Rey de una nación de 20 millones de personas que te odian con toda su alma», escribió José I a Napoleón, según se cita en el debate. La idea de fondo es que la rendición no garantiza la supervivencia cultural: los rusos han sido durante siglos los que imponían su lengua, su religión y su cultura. Para muchos ucranianos, según un participante, los zares, los bolcheviques y Putin son la misma cosa.
La dependencia exterior: ¿quién decide realmente?
Una tercera línea, muy presente, sostiene que Ucrania no decide si se rinde o no.
EEUU decide, según uno de los participantes. Se argumenta que a la OTAN le interesa desgastar al ejército ruso, y que Ucrania está dando aire a toda Europa del este mientras se rearma. El coste lo pagan los ucranianos. Otra versión apunta a que el presidente ucraniano tiene garantizado su futuro en el exilio y le importa poco lo que pase en su país. La hipótesis de que la guerra se alarga deliberadamente para vender que Rusia mata civiles y comprar coste político con sangre ajena recorre varios mensajes.
La estrategia militar rusa: ¿por qué solo 100.000 hombres?
Una de las dudas más repetidas es por qué Rusia envió apenas
100.000 hombres a desmilitarizar un país más grande que España, según la pregunta inicial. La explicación que se da es que se esperaba un ataque relámpago y un golpe de mano en Kiev que acabara pronto, con un esfuerzo principal limitado. Rusia no puede meter un millón de soldados sin llamar a la movilización general, según otro participante. Otra duda es por qué ya no se publican cifras de tropas rusas en la frontera occidental. La respuesta técnica que se da es que los satélites comerciales ven concentraciones acampadas, pero no columnas en movimiento ni trenes de tropas.
El desgaste como estrategia
Hay quien sostiene que el objetivo ucraniano no es ganar, sino desgastar todo lo posible al ejército ruso. La victoria rusa se considera inevitable, pero se le puede hacer pagar con miles de muertos y pérdida de equipamiento que debiliten futuros movimientos. Al ritmo de avanzar
10 km en 95 días, con un coste enorme de bajas, la pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse ese pulso. Las sanciones, mientras tanto, se aplican con efectos discutidos: hay quien dice que a Rusia se la sudan y quien responde que la única conducción para mandar butano pasa por que se las quiten.
La división interna ucraniana
Un argumento menos comentado apunta a que la guerra está en el este, la zona más afín a Rusia. A los sectores nacionalistas del oeste, sostiene esta tesis, les da igual que maten civiles o revienten ciudades en el este, porque los ven como colonos. Esa fractura interna explicaría por qué la resistencia se mantiene con mayor intensidad en unas regiones que en otras. La contraposición entre un país que quiere ser próspero y una Rusia percibida como corrupta y pobre es el marco mental que sostiene la negativa a capitular.
Con estos mimbres, la pregunta sigue sin respuesta cerrada. ¿Resiste Ucrania por honor, por cálculo ajeno o por miedo a lo que vendría después?