¿Por qué Sánchez sigue en La Moncloa mientras PP y Vox suman 207 escaños?
¿Cómo se explica que un país que se ha movido tanto a la derecha mantenga a Pedro Sánchez en el poder? El análisis publicado el 11 de agosto de 2026 en El Español, firmado por Cristian Campos, sostiene que ocho años de sanchismo han dejado la España más derechizada de la historia democrática: la última encuesta de Sociométrica otorga a PP y Vox 207 escaños, a solo tres de los 210 necesarios para abrir una reforma constitucional por el procedimiento ordinario. Ni la mayoría absoluta de Felipe González en 1982, con 202 diputados, llegó tan lejos. Dicho de otro modo: el antídoto ha terminado fabricando el veneno.
El voto como mal menor
Hay un bloque de votantes que sigue respaldando al PSOE sin entusiasmo, por puro rechazo a la alternativa. El argumento es tan simple como contundente: se reduce a elegir entre Sánchez o Feijoo, y ante esa disyuntiva una parte del electorado prefiere al primero. Pero no es la única explicación. Otra corriente sostiene que el problema no es quién gobierne, sino cómo está construida la administración: unas redes clientelares incrustadas en el Estado hacen que cualquier régimen acabe convertido en burocracia. Cambiar de inquilino, en ese esquema, no arregla nada de fondo.
La tentación del cambio institucional
Frente a esa lectura resignada, hay quien reclama aprovechar la ventana electoral para una operación quirúrgica: modificar la ley electoral para reducir el peso de los partidos nacionalistas en el Congreso, revisar las nacionalizaciones y sanear los medios públicos. Son las tres patas de un plan que se considera imprescindible para revertir el problema fundacional de la Constitución del 78. Y por debajo asoma la tesis más radical: que el proceso electoral de 2023 fue fraudulento, con denuncias sobre el papel de Indra y Correos, y que todos los partidos lo legitimaron la misma noche electoral. Esa afirmación no ha llevado a repetir el recuento legal de actas, pero sigue alimentando la desconfianza en el sistema.
Con estos mimbres, la pregunta de fondo no es por qué se vota a Sánchez, sino por qué se sigue esperando que el sistema se corrija solo. El país lleva ocho años empujando hacia la derecha; quizá esa sea la única ironía que el sanchismo no puede explicar.