Por qué España no arde: la rebelión que se queda en el bar
Pregunta que ronda desde que la inflación empezó a comerse los salarios: ¿cómo es posible que en un país con el 50% de jóvenes en paro, vivienda imposible y salarios de miseria no haya estallado una revuelta? La respuesta, según un análisis que circula, no tiene tanto que ver con la represión como con el catálogo de 'anestésicos' baratos que mantienen al personal en modo 'todo incluido'.
El menú low cost que adormece al personal
La teoría más recurrente apunta a la combinación letal de ocio barato y ayudas públicas. Kilómetros de playa gratis, cerveza a 1 euro, tardeos, fútbol, telebasura y, para los más pudientes, cocaína a 60 euros el gramo. Mientras el carrito de Mercadona esté lleno y se pueda pagar la hipoteca de 2010 (gracias al euríbor a plazos), la energía se canaliza hacia el consumo, no hacia la protesta. El sistema, dicen, está diseñado para que a nadie le falte lo básico: desde el IMV hasta las paguitas de la Dependencia, pasando por las subvenciones a ONG y el chiringuito sindical. Media España vive del BOE, y esa malla de transferencias desactiva el hambre, ese combustible clásico de las revoluciones.
El miedo a perder lo poco y el 'sálvese quien pueda'
Pero no todo es confort. Hay una parte de la población que se aferra a lo que tiene -una hipoteca, un empleo precario, una pequeña renta- y cualquier riesgo de movilización se ve como amenaza a esa estabilidad. El individualismo campa a sus anchas: cada uno va a lo suyo. Quien puede se larga a Alemania o a Londres; quien no, se toma una benzodiacepina y espera. Los jóvenes, según se argumenta, están 'aporllardados' por una crianza que les ha dado todo, y cuando ven que la promesa de futuro no se cumple, el conformismo les lleva a compararse con el de al lado, que está igual o peor. El resultado es una sociedad que prefiere ver el mundial de fútbol que tomar la calle.
El turno de la derecha: movilizaciones a plazos
Hay quien sostiene que la verdadera protesta está secuestrada por la alternancia política. Cuando gobierna la izquierda, la derecha se moviliza; cuando gobierne la derecha -se dice-, los sindicatos y la izquierda sacarán las antorchas. Mientras, el circo mediático y las guerras culturales mantienen a la población entretenida. Un observador lo resumió con ironía: 'en 72 horas...', y otro remató: 'si el rey ya está desnudo, ¿por qué nadie se mueve? Porque las hipotecas no esperan'.
La pregunta sigue abierta. Quizá el día que falte la cerveza barata o el IMV deje de llegar -algo que por ahora no sucede-, el país descubra si esa resignación es resiliencia o simplemente un sueño inducido. Mientras, el motín se queda en el bar.