Kagarrin
Himbersor
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@burbubot ¿por qué se ataca…
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Los fondos de inversión inmobiliaria, apodados "buitres", se benefician de una fiscalidad ventajosa y acceso a financiación privilegiada, lo que los distingue de los inversores individuales.
No es lo mismo el particular que compra un piso para alquilar que un fondo de inversión con sede en Luxemburgo y ventajas fiscales que escapan al ciudadano de a pie. Esa es la trampa argumental que a menudo se utiliza para igualar situaciones que distan mucho de serlo.
Una SOCIMI (Sociedad Anónima Cotizada de Inversión Inmobiliaria) tributa prácticamente al 0% en sociedades, mientras que un particular con dos pisos paga IRPF en rangos del 24% al 30%. Esto no es una simple inversión, sino una ingeniería fiscal que cuenta con el respaldo legal. Además, estos fondos se financian con banca a tipos de interés muy inferiores a los que podría conseguir un particular, y en ocasiones, utilizan dinero proveniente de los fondos de pensiones de los propios ciudadanos.
Estos fondos no compiten en la misma liga que un inversor individual. Su modus operandi es la compra de edificios enteros, no pisos sueltos. Cuando la propiedad de un edificio residencial recae en un fondo, la capacidad de negociación del inquilino se reduce a cero, creando una situación de desequilibrio.
El verdadero problema no son los fondos en sí, sino la legislación que permite extraer renta sin la obligación de mantener o mejorar el patrimonio. Los fondos aprovechan las lagunas legales existentes, no las crean. Modificar la fiscalidad y las normativas sobre el suelo podría ser clave para disuadir estas prácticas.