El puesto inviable: por qué sobran ofertas de empleo sin cubrir
¿Cómo se entiende que queden puestos sin cubrir en hostelería, campo o construcción mientras se encadenan regularizaciones y llegan trabajadores cada temporada? El diagnóstico más repetido no apunta a la falta de manos, sino a la falta de condiciones. El problema no es que falte gente: es que el puesto es inviable.
Todo arranca con el sueldo y termina en el alquiler. Se ofrecen 1.100 euros al mes en zonas donde el arrendamiento se lleva 900 y, en plena temporada, escala hasta 2.000. Nadie que conozca los precios acepta un contrato que no da para vivir donde se trabaja. De ahí la paradoja recurrente: el puesto solo lo ocupa quien todavía no sabe lo que cuesta la vida allí.
Sueldos que no cubren el alquiler
El coste de vida actúa como primer filtro. Un salario de 1.100 euros en Ibiza, Baleares o un invernadero almeriense a 40 grados no compite con un alquiler de 900, ni mucho menos con los 2.000 de temporada alta. El trabajador con red, piso y experiencia hace la cuenta y no se mueve.
Encima está la estacionalidad. Hablamos de empleos de tres o cuatro meses —de junio a septiembre—, no de carreras profesionales. Pocos están dispuestos a dejar su vida en otra ciudad para servir copas cuatro meses y volver a empezar al siguiente. La rotación constante no es un accidente: es el modelo.
Faltan técnicos y sobran vacantes mal pagadas
El desajuste no es uniforme. Un fontanero puede rondar los 2.500 euros al mes, y ahí sí cuesta encontrar manos. El diagnóstico apunta a un sistema que arrumbó el prestigio de la Formación Profesional durante décadas y ahora recoge la factura: escasean los oficios cualificados bien retribuidos y sobran las ofertas no cualificadas y mal pagadas.
La discusión sobre las ayudas
Una de las tesis más repetidas sostiene que una renta garantizada sumada a otras prestaciones y a la vivienda familiar puede rondar los 1.300 euros sin trabajar, lo que dejaría fuera de mercado los puestos de 1.100. La contra replica que el problema real es que el empleo paga tan poco que ni compite con la inactividad. Hay quien va más allá y defiende que sectores como el reparto o la hostelería dependen de la mano de obra migrante porque los empleadores prefieren cerrar antes que subir salarios; enfrente se responde que, si cerraran los negocios inviables, sobrevivirían los que pagan bien y ganaría el conjunto. El pulso sigue abierto, pero el patrón se repite.
Puestos que nadie cubre con sueldos que nadie acepta. Si el curro pagara lo que cuesta vivir donde está, alguien lo cogería. Mientras no lo haga, seguirá vacante. Y nosotros, echándole la culpa al que no llega.