Hay que reconocerlo. En la empresa en la que estoy ahora, desde que empecé hemos trabajado 9 hombres. 4 búmers o post-búmers, y los otros 5 menores de 30, yo entre ellos.
Pues en efecto, las diferencias de actitud son notables. Los mayores parecen más quejosos, consentidos y egoístas. Se nota que son de una generación que lo tuvo todo fácil, todo servido en bandeja, con futuro asegurado, estabilidad y mucha pasta.
Me recuerdan un poco a las mujeres con la inflación del papo y estas teorías incel: como son gente mimada por su época y su entorno, se vuelven insufribles. Maleducados, o directamente, malas personas. Tres de ellos, además, añado, malos profesionales. Pero da igual, se les consiente todo.
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Los de menos de 30 en cambio somos distintos. Tendremos nuestras cosas, pero la amabilidad, la educación, las buenas formas y el respeto no los perdemos nunca. Yo por ejemplo llevo 4 años trabajando, y a los novatos los trato como iguales. Los ayudo si me lo piden, no juzgo, y si hago la contra en algo, lo hago dejando claro que no soy mejor que nadie.
Por otro lado a mí, con mi experiencia que no es nula, sí me han vacilado los viejos. Por eso no me junto con ellos más que lo justo.