Por qué la UE defiende Groenlandia y no Ceuta y Melilla
La UE ha puesto el grito en el cielo ante las reivindicaciones de Trump sobre Groenlandia, pero guarda silencio ante las presiones de Marruecos sobre Ceuta. La razón más citada en el análisis económico no es la pureza de principios: es el tesoro mineral. Groenlandia alberga, según las estimaciones que circulan, cerca de una cuarta parte de las reservas mundiales de tierras raras, esos minerales estratégicos que sostienen la tecnología punta y la transición energética. La UE defiende la soberanía danesa porque, tras la soberanía, están los intereses de su industria.
El doble rasero con las plazas españolas
En el caso de Ceuta y Melilla, el argumento geográfico juega en contra: ambos enclaves están en África, y no faltan voces que apuntan que, para los socios del norte, España es también un socio periférico. La UE no ha movido un dedo cuando Marruecos ha reivindicado las plazas, y el propio gobierno español ha pasado de puntillas. La respuesta europea a Groenlandia no es, pues, un principio inquebrantable, sino una defensa selectiva de los territorios de los miembros que importan.
¿Qué hay detrás de la defensa?
Hay quien va más lejos: si Dinamarca hubiera rechazado la ayuda de Frontex, como se apuntó, la UE no podría forzar su intervención. La soberanía danesa es la que activa el apoyo europeo, pero solo cuando el miembro está dispuesto a aceptar el paraguas. La cuestión de fondo es incómoda: ¿la UE defiende territorios o recursos? La respuesta, a la vista de los datos, parece clara.
Con estos precedentes, la pregunta que queda en el aire es: ¿qué pasaría si un país sin esos recursos estratégicos reclamara la atención de Bruselas? La respuesta, tal vez, ya la estamos viendo.