La esclavitud blanca que la progresía ignora
La historia de la esclavitud no es monopolio de los europeos: desde los eslavos secuestrados por los vikingos y los otomanos hasta los niños cristianos convertidos en jenízaros, la trata de personas ha sido una constante global. Sin embargo, el discurso contemporáneo, especialmente desde movimientos como el Black Lives Matter o la teoría crítica de la raza, asocia de forma casi exclusiva la esclavitud con el colonialismo europeo y la trata atlántica de africanos. Esta perspectiva, calificada como "selectiva" por numerosos analistas, omite siglos de esclavitud practicada por culturas árabes, turcas, africanas y asiáticas, y genera un relato de culpa histórica dirigido únicamente hacia los blancos occidentales.
El origen del sesgo: Saqaliba y trata eslava
El término "esclavo" proviene de "eslavo", en referencia a la masiva captura de pueblos eslavos durante la Alta Edad Media. Los vikingos y los mercaderes árabes traficaron con millones de eslavos, muchos de ellos vendidos en mercados de Constantinopla y Bagdad. La Wikipedia recoge bajo "Saqaliba" y "Prague slave trade" cómo esta ruta comercial superó en duración y a veces en volumen a la trata atlántica. Mientras tanto, el Imperio Otomano reclutaba forzosamente niños cristianos para sus cuerpos de élite (jenízaros) y su harén, una práctica que duró hasta el siglo XVII. Estos hechos son raramente mencionados en los debates actuales sobre esclavitud y privilegio.
El pecado original de la identidad blanca
La asociación mental entre esclavitud y blancos se consolida con el concepto de "white privilege" popularizado en la academia estadounidense. En 2016, Hillary Clinton afirmó que "los blancos necesitan revisar su privilegio y practicar la humildad", un discurso que ignora que la mayoría de los blancos estadounidenses descienden de inmigrantes que llegaron después de la abolición de la esclavitud o, como los irlandeses y los polacos, fueron ellos mismos víctimas de discriminación y servidumbre. El activista y profesor David Theo Goldberg, citado en el debate, señala que "All Lives Matter" refleja una resistencia a esta narrativa de culpa colectiva.
Herramienta política o ajuste de cuentas
Detractores del discurso woke argumentan que señalar a un grupo étnico específico como único responsable de la esclavitud es una estrategia de manipulación política: crea un enemigo interno y desvía la atención de otras formas de opresión contemporáneas. La frase "pecado original" se repite en el análisis: se busca instalar un sentimiento de culpabilidad en la población autóctona para debilitar su cohesión y facilitar la aceptación de políticas migratorias o redistributivas.
Lo que ningún análisis mainstream explica es por qué, pese a la evidencia histórica de esclavitud masiva no europea, el relato público insiste en una sola dirección. La respuesta quizá no esté en la historia, sino en la utilidad política del presente.
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