Noelia Núñez dimite por su CV: cortina de humo o doble rasero
Que una política mienta en su currículo académico ya no es noticia; que dimita por ello, casi. La salida de Noelia Núñez de todos sus cargos tras destaparse irregularidades en sus estudios ha reabierto una pregunta incómoda: ¿por qué justo ahora? La respuesta, como suele ocurrir en la política española, mezcla oportunismo, precedentes y una enfermedad nacional llamada titulitis.
El caso: un CV inflado y una dimisión exprés
La noticia explotó con la rapidez de los escándalos en red: una fruta del Partido Popular, con presuntas falsedades en su formación académica, pasa de estar en activo a dimitir de todos sus cargos en cuestión de horas. Los detalles concretos de qué estudios falseó no están claros, pero la maniobra de emergencia del PP buscaba contener el daño. La pregunta es si era evitable: el partido llevaba meses exhibiendo su perfil de regeneración frente a los escándalos del gobierno, y este caso llegó en el peor momento.
Lo llamativo no es que una política maquille su CV. Es la velocidad a la que se convirtió en arma arrojadiza política. Un detalle importante: la información no es nueva. Hacía tiempo que circulaba, pero solo ahora ha sido elevada a primera página por medios afines al gobierno y por varios ministros socialistas.
El precedente Cifuentes y la factura del PSOE
Aquí comparece la memoria. En 2018, Cristina Cifuentes dimitió como presidenta de la Comunidad de Madrid tras el escándalo de su máster en la Universidad Rey Juan Carlos. La derecha no ha dejado de usar ese caso como ejemplo de doble sarracena del PSOE, que exigía dimisiones mientras ocultaba sus propios trapos sucios. En el otro lado están los casos socialistas: se recuerda que La Moncloa retiró de su página web tres másteres falsos del currículum de Yolanda Díaz, sin que la entonces vicepresidenta presentara su renuncia.
¿Doble rasero? Hay quien lo ve claro: cuando el CV falso es del PP, se exige dimisión fulminante; cuando es del PSOE, se corrige la página web y se sigue adelante. Esta asimetría es el combustible de la polémica. Y también la explicación de que el caso Núñez haya ocupado portadas durante días.
¿Por qué ahora? La lógica del calendario
La pregunta del millón: ¿qué ha cambiado para que una información antigua se convierta en bombazo? La hipótesis más extendida es que coincide con un momento delicado para el gobierno. Se citan los casos de Cerdán, las saunas o Torrepacheco como focos que el PSOE preferiría no ventilar. Sacar a la palestra un escándalo del PP cuando arrecian las investigaciones contra el partido en el gobierno es una jugada tan vieja como la política misma.
Pero también cabe la lectura inversa: que la justicia, tarde o temprano, toca. Que la información había llegado a medios y partidos hacía semanas y que alguien decidió que ya había durado demasiado en el cajón. La diferencia entre una noticia y una operación mediática suele ser la fecha de publicación.
Titulitis: la enfermedad española
El fondo del asunto es más profundo que un CV relleno. España sufre una veneración patológica por los títulos universitarios, como si un papel colgado en la pared demostrara la valía para gestionar una consejería. El caso Núñez ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de si los políticos deberían estar obligados a tener estudios superiores, y si no es más hipócrita exigir titulitis a quien se dedica a otra cosa.
Hay un dato que no debería perderse: en el Reino Unido, al parecer, un currículo académico no impresiona a nadie; lo importante es lo que sabes hacer. Aquí, en cambio, un título falso es el pecado capital. Y mientras tanto, los que no tienen título se ríen del sistema.
Con este panorama, no es extraño que la dimisión de Noelia Núñez no cierre ninguna cuestión. Al contrario, reabre la caja de los truenos: ¿cuántos currículos políticos aguantarían una inspección seria? Mientras la respuesta siga siendo un incómodo silencio, cada caso servirá para medir fuerzas entre partidos. Y al final, el perdedor es siempre el mismo: una clase política que ha convertido el mérito en una ficción.