Frente Obrero y Núcleo Nacional: el pacto que suena a chiste pero se pregunta en voz alta
Un partido que se reivindica obrero y otro que antepone la nación. El primero, según su discurso, defiende el derecho al aborto; el segundo, el cierre de fronteras. Sobre el papel no hay punto de contacto. Aun así, la pregunta resuena: ¿por qué no acaban pactando? La respuesta, vista la discusión, es que no tienen ni dónde agarrarse.
El 'molotov-ribbentrop' que algunos citan con sorna no es un error histórico: es la única manera de describir una alianza entre el socialismo que predica uno y el nacionalismo que profesa el otro. Los intentos de buscar un enemigo común para justificarla chocan con que cada uno define al enemigo de manera distinta. Para uno el adversario es el capital; para el otro, el inmigrante.
Hay quien va más lejos y sugiere que, detrás de dos siglas aparentemente rivales, se esconde el mismo proyecto, y que la fricción no es más que un teatro para rentabilizar el voto protesta desde dos flancos. Sin pruebas, claro. Pero la especulación crece a la velocidad del vídeo corto.
Los más pragmáticos recuerdan lo que pasa con las coaliciones de partidos pequeños: se quieren para sumar y se rompen para sobrevivir. La historia de la izquierda radical está llena de pactos que acabaron en desgaste mutuo. Y en la derecha identitaria, el líder único rara vez se comparte.
Mientras tanto, los acoples fraternales sanos que algún día se anunciaron siguen sin materializarse. Quizá porque la única fusión posible sería en clave electoral, y a esas alturas ya nadie se fía. La pregunta queda en el aire: ¿qué tendría que pasar para que dos proyectos tan opuestos se sentaran a hablar? El elector, mientras, mira el sainete y toma nota.