Por qué España no fue el motor económico de Europa tras la II Guerra Mundial
¿Por qué un país que no combatió en la Segunda Guerra Mundial no acabó liderando la economía europea mientras el resto del continente ardía? La respuesta rápida es incómoda: porque España ya había tenido su propia guerra, y el país llegó a 1939 destrozado. La idea de que el país quedó intacto mientras Europa se desintegraba se cae en cuanto se mira el PIB de 1939.
España salió de la Guerra Civil con la producción hundida. Entre 1936 y 1938 el PIB cayó un
30%, según la cifra que maneja uno de los participantes en el debate. Y sobre esa base destrozada, sin dinero, sin herramientas y con una industria precaria, no se construye un milagro. Se construye, con suerte, una recuperación.
El rebote que se confundió con crecimiento
Entre 1939 y 1944 la economía creció a un
5,3% anual de media, siempre según los cálculos que se cruzan en el debate. Suena excelente hasta que se entiende qué era: un simple rebote tras el desplome. Recuperar lo perdido no es crecer. El PIB total de preguerra no se volvió a alcanzar hasta aproximadamente
1951, y el PIB por habitante hasta 1955, según sostiene otro de los participantes.
Ese matiz —el per cápita— enciende una de las discusiones más ásperas. Hay quien sostiene que esa recuperación individual se explica, en parte, porque hubo menos bocas que repartir: en años de hambre, el denominador mengua. Es una forma brutal de decirlo, y está discutida, pero apunta a algo verificable: España no crecía, resistía.
1945-1950: el quinquenio perdido
El dato que desmonta cualquier relato épico es el que aporta uno de los participantes: entre 1945 y 1950 el crecimiento medio fue del
0,14%. Prácticamente cero. Según su relato, España quedó excluida de los organismos aliados de reconstrucción, aislada políticamente y con un comercio exterior que se había reducido a la mitad durante la contienda y no se recuperó hasta
1951. Sin inputs, sin crédito y sin mercados, la economía no arranca por mucho que se le ponga voluntad.
¿Fue la autarquía una decisión o una condena?
Aquí el análisis se parte en dos. Una corriente sostiene que la política autárquica del régimen fue una elección ideológica que estranguló al país y lo dejó con un mercado interior minúsculo y descapitalizado. La otra recuerda que parte de ese aislamiento vino de fuera, con un bloqueo de bienes esenciales que asfixió a media Europa. Lo que casi nadie discute es la fecha que rompió el dique: el acuerdo de bases con Estados Unidos en
1955.
1951-1958: cuando por fin hubo cifras
El periodo arroja un
5,7% anual de media, según los cálculos que circulan en el debate, con el impulso de créditos privados, la ayuda americana y el boom de la guerra de Corea. La producción de acero se multiplicó por cinco, la de electricidad por diez y la esperanza de vida al nacer subió casi veinte años desde los cincuenta hasta los setenta. Fue un crecimiento con pies de barro, eso sí: balanza comercial deficitaria y dependencia tecnológica brutal.
El detalle fino —cómo se financió exactamente ese despegue y qué papel jugó la oligarquía, que según un participante estaba más atenta a sus rentas que al país— es donde el debate se vuelve jugoso.
Con estas cifras delante, la pregunta ya no es por qué España no fue el motor económico de Europa. Es cómo alguien pudo imaginar que un país con el 30% del PIB volatilizado iba a arrancar antes que los que sí tenían fábricas en pie.