España e Italia, los únicos de la UE sin tope de mandatos
España no tiene límite de mandatos porque la Constitución de 1978 nunca lo fijó: el presidente del Gobierno puede presentarse tantas veces como quiera y ninguna norma posterior ha puesto tope. La rareza es de escala europea. Junto a Italia, sería el único socio comunitario sin esa restricción escrita en su ordenamiento. Lo extraordinario no es la norma. Es el silencio que la rodea.
El argumento de la resignación: da igual quién gobierne
El razonamiento que más peso tiene no habla de derechos ni de contrapesos, sino de resultados. Se sostiene que el programa económico de fondo —vivienda inasequible, traba regulatoria al emprendimiento, estructura productiva sin diversificar, justicia lenta, dependencia exterior— sobrevive intacto a cualquier cambio de inquilino en La Moncloa. Con Feijóo o con Abascal, el guion seguiría siendo el mismo, así que discutir cuántos años aguanta el actual inquilino sería una pérdida de tiempo.
Hay una variante más incómoda de esa tesis: el sistema estaría diseñado como una maquinaria bipartidista donde el partido dominante ejerce de PRI mexicano, con relevo previsto y programa continuista. Si el turno ya está garantizado, el tope de mandatos sobra.
Mandato largo o deriva autoritaria: la teoría contra los ejemplos
Existe un caso defendible, y conviene no caricaturizarlo: un mandato prolongado permite proyectos que no caben en cuatro años. Es el argumento que se esgrime a favor. El problema es que la lista de ejemplos reales se lee sola. Venezuela, Rusia, la Alemania de los años treinta. El mandato indefinido rara vez se justifica con precedentes; se justifica con teoría.
Ese es el punto exacto donde el análisis se atasca. Nadie encuentra el momento en que España decidió no ponerse tope, porque nunca hubo tal momento: simplemente no se puso. Y con estos mimbres, la pregunta interesante ya no es por qué no hay límite, sino por qué a nadie le urge ponerlo.