La integridad territorial selectiva: Groenlandia sí, Ceuta no
Cuando Trump volvió a poner sus ojos en Groenlandia, una parte de la clase política española se rasgó las vestiduras en defensa de la integridad territorial de la isla. Meses después, la reivindicación de Marruecos sobre Ceuta y Melilla apenas levanta ampollas. ¿Por qué la defensa del territorio ajeno se hace con tanto ímpetu y la del propio con tanta dejadez?
Un mismo principio, dos respuestas
Marruecos lleva tiempo intentando comerse la tostada, como se dice vulgarmente, con Ceuta, Melilla, el islote de Perejil, Chafarinas y Canarias. La presión se ha ido intensificando, y no precisamente con discreción. Frente a ello, la actitud de partidos como el PSOE resulta ambigua cuando no directamente complaciente. Contrasta con la firmeza mostrada ante la pretensión de Trump sobre Groenlandia, donde algunos llegaron a plantearse una respuesta casi bélica.
La comparación, sin embargo, no es universalmente aceptada. El doble rasero, para muchos, no existe: hay quien sostiene que la situación de Ceuta y Melilla, en el norte de África, y la reclamación histórica de Marruecos no son equiparables al intento de compra de una isla por parte de Estados Unidos. Incluso hay quien va más allá y defiende que Ceuta debería ser marroquí, una posición presente en el análisis aunque minoritaria. La analogía con Cataluña tampoco falta: quienes son beligerantes con Marruecos pueden ser los mismos que apoyan la independencia de Cataluña, lo que deja en evidencia que la defensa territorial no siempre es cuestión de principios.
La selectividad como regla
Lo que queda claro es que la integridad territorial se defiende con vehemencia cuando el agresor es un tercero lejano, y con tibieza cuando quien presiona es un socio estratégico. La cuestión no parece ser el territorio, sino quién lo reclama. Si el principio fuese universal, no admitiría excepciones; si es una herramienta política, entonces la defensa de Groenlandia fue oportunismo. Aquí el análisis se atasca, porque admitir lo segundo obliga a revisar muchas posturas.