La policía de paisano contra el 'crimen' de los cromos en Sant Antoni
Un domingo más, centenares de coleccionistas se concentran alrededor del Mercado de Sant Antoni de Barcelona para intercambiar cromos del Mundial. La fiebre coleccionista ha hecho crecer las compraventas ilegales, y los agentes de paisano han empezado a controlar estas operaciones, según ha publicado El Periódico.
La noticia ha generado un coro de ironías: mientras la policía se emplea a fondo contra el tráfico ilegal de estampitas, otros delitos de mayor calado parecen quedar en segundo plano. El contraste es obvio: un despliegue de efectivos para perseguir a vendedores ambulantes de cromos, cuando la inseguridad cotidiana sigue siendo una queja recurrente.
Desde una óptica económica, la operación plantea preguntas sobre la asignación de recursos públicos. El coste de mantener agentes de paisano durante horas en un mercadillo informal es considerable. ¿Compensa? El mercado zain de cromos evade impuestos y compite con el comercio legal, pero también satisface una demanda real.
La crítica de fondo apunta a la selectividad de la lucha contra la economía informal: perseguir al pequeño revendedor mientras se toleran actividades más lucrativas. El debate, como los cromos, tiene muchas caras.