Cinco películas para medir el cine del siglo XXI
El cine murió en 1999. O eso sostiene una parte de la afición que aún recuerda los videoclubs, las dos cintas semanales que traía el padre y las salas llenas para ver estrenos de acción, épica y ciencia ficción. Quince días y 309 respuestas después de lanzar la pregunta, la conclusión provisional es que el siglo XXI no ha sido tan malo como algunos insisten, pero tampoco ha producido un consenso. Cada lista es una trinchera.
La propuesta inicial fue sencilla: cinco títulos estrenados a partir del año 2000. La respuesta incluyó desde
Infiltrados y
El lobo de Wall Street hasta
Blade Runner 2049, pasando por
John Wick y
No es país para viejos. El problema llegó cuando alguien recordó que
Infiltrados es un remake y que
Blade Runner 2049 es una secuela. Dos pecados capitales para el sector más ortodoxo.
Qué películas del siglo XXI se repiten más en las listas
La trilogía de
El Señor de los Anillos es el único título que aparece en listas de sensibilidades opuestas. Quien defiende el blockbuster clásico la salva; quien reniega del cine contemporáneo también. Es el último gran consenso, aunque algunos matizan que envejece peor que
Indiana Jones o
Regreso al futuro, que se han visto cincuenta veces sin despeinarse.
El segundo bloque lo forman
Mulholland Drive,
Hijos de los hombres,
La vida de los otros,
Match Point y
La gran belleza. Son títulos que se citan con la etiqueta de gafapasta, pero que aguantan el paso del tiempo mejor que muchos taquillazos. Hay quien sostiene que
Mulholland Drive inventó un recurso técnico concreto —desenfocar la cámara para imitar los ojos empañados— y quien responde que eso ya lo hacía el cine mudo.
La tercera vía la ocupan
Gladiator,
Troya,
El náufrago y
Pearl Harbor. Aquí la conversación se rompe. Un sector defiende que
Pearl Harbor es una buena película despreciada por su trama romántica, igual que
Titanic. Otro sector responde que a los quince minutos ya está deseando que lleguen los japoneses y maten a todos. La discrepancia no se resuelve.
¿Por qué se dice que el cine murió en 1999?
El argumento se apoya en una idea sencilla: los blockbusters de los 80 y 90 se ven cincuenta veces sin cansarse, mientras que las películas del siglo XXI se ven una vez y se archivan. Es una percepción nostálgica, pero tiene un anclaje material: el videoclub traía dos cintas por semana y eso obligaba a revisar. El streaming trae diez mil y eso invita a no acabar ninguna.
Frente a esa tesis, la réplica es que el siglo XXI ha producido obras que el siglo XX no podía ni imaginar:
Her anticipó los modelos de lenguaje,
Children of Men convirtió la distopía en reportaje,
Nocturnal Animals demostró que un thriller puede tener doce capas sin perder tensión. La nostalgia no es un argumento crítico, pero tampoco lo es la novedad.
El cine de ciencia ficción espacial, en crisis según la afición
Una queja recurrente: las películas espaciales del siglo XXI son una mierda absoluta comparadas con las del siglo XX. El dinero se va a superhéroes y el espacio se queda sin presupuesto. Los títulos que se salvan de la quema son
Interstellar,
Oblivion,
Passengers y
Ad Astra, esta última con una primera media hora notable que se desinfla después.
La paradoja es que
Blade Runner 2049 se cita como ejemplo de lo contrario: una película futurista que no parece cutre a nivel visual. Lo que antes exigía maquetas y paciencia ahora se resuelve con ordenadores, y eso para algunos es progreso y para otros es trampa. La discusión sobre si los efectos digitales matan la poesía visual sigue abierta.
Las predicciones del cine que se cumplieron sin que nadie las señalara
Her ha sido extremadamente profética de los modelos de lenguaje, hasta el punto de que ya nadie duda de que lo que muestra acabará siendo real. La española
Hablar, de 2015, parece ambientada en el estallido económico de 2020 en Madrid, y cuadra todo.
Idiocracia es la predicción más citada, pero también la más genérica.
El ejercicio tiene trampa: cualquier película distópica acierta si se espera lo suficiente. Lo interesante es cuando el acierto es de detalle, no de catástrofe. Ahí
Her gana por goleada porque no predijo un colapso, predijo una costumbre.
Woody Allen, Scorsese y el cine de autor después de 2005
Una pregunta recorre la conversación: por qué Woody Allen hizo
Match Point entre tanta mediocridad posterior. La hipótesis más repetida es que los problemas para financiar proyectos tras su salida del circuito comercial le obligaron a filmar películas mediocres pero patrocinadas.
Midnight in Paris se salva de la quema, aunque para otros es una ñoñada vista mil veces.
Con Scorsese pasa algo parecido.
Infiltrados es un remake, y algunos sostienen que desde que dejó el caballo no ha levantado cabeza.
El lobo de Wall Street se lee como una película que hace empatizar con sociópatas narcisistas, lo cual puede ser una virtud o un defecto según quién lo mire. La frontera entre retratar y celebrar es difusa.
El western moderno y el cine europeo que no llega
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La comanchería se suma a la lista. El género, que parecía muerto, ha encontrado en la frontera y en la violencia cotidiana un filón que el siglo XX no explotó igual.
En Europa, el cine reivindicativo francés tiene su hueco:
En guerra (2018),
Arcadia (2005),
Corporate (2017),
Recursos humanos (2000) y la española
La suerte dormida (2003). Son títulos que casi nadie ha visto y que sostienen la tesis de que el cine bueno no desapareció, solo se volvió invisible.
La lista sigue sin cerrarse. Hay quien pide cinco títulos y recibe trescientos. La pregunta inicial era sencilla; la respuesta demuestra que el cine del siglo XXI no tiene un canon, tiene una guerra civil entre quienes lo ven todo y quienes no ven nada. Con estos mimbres, el consenso no llegará. Y quizá eso sea lo más interesante.