Kubrick y Blade Runner: el canon que se repite en las listas de cine
Pedir a alguien que ordene sus cinco películas favoritas es una trampa piadosa: la lista resultante habla menos del cine que de quien la firma. Pero cuando el ejercicio acumula respuestas, el ruido se ordena solo. Unos pocos títulos se repiten hasta formar un canon reconocible —Blade Runner, 2001, Mulholland Drive, Vértigo, Apocalypse Now— y entre ellos se repite un nombre propio: Stanley Kubrick.
Blade Runner, la película más repetida en las listas
Ninguna otra aparece tantas veces. Blade Runner encabeza alguna lista, se cuela como segunda en otra y reaparece en varias respuestas más. Ridley Scott facturó en 1982 un objeto que, cuatro décadas después, funciona como contraseña: citarla sitúa a quien la cita del lado del cine de culto sin necesidad de argumentar nada más.
El segundo imán es David Lynch. Mulholland Drive se repite en listas que, por lo demás, apenas comparten algún título entre ellas. Hay quien la coloca primera y quien la deja para el final, pero aparece. Y junto a ella, el otro gran yacimiento de prestigio: la ciencia ficción seria, de 2001 a The Matrix.
Kubrick, la única religión que admite este recuento
Una sola respuesta reúne 2001, Barry Lyndon, La Naranja Mecánica, El Resplandor y La Chaqueta Metálica. Cinco de cinco, un solo director. El razonamiento que lo acompaña es tan rotundo como discutible: para quien firma esa lista existen dos tipos de cine, el de Kubrick y el del resto. No hay matices ni terceras vías.
La misma persona admite que dudó con Senderos de Gloria y que se quedó con La Chaqueta Metálica por una razón que ninguna encuesta mide: fue la primera película que vio en un cine, acompañado de su padre. A veces el canon no es solo estético: también es biográfico.
El cisma: clásicos en blanco y negro contra el blockbuster
Frente a los que proponen títulos, hay quien responde con cinco directores: Hitchcock, Raoul Walsh, John Ford, Kurosawa y Fritz Lang. La jugada esquiva el problema de elegir películas y de paso sitúa el gusto en una época concreta: casi todo lo que se cita ahí es anterior a 1960, buena parte en blanco y negro.
En la otra orilla, las listas se llenan de blockbusters de los noventa y los dos mil: Braveheart, Gladiator, American History X, Rob Roy, la trilogía de El Señor de los Anillos. El eje del cisma se resume en una frase que Fargo 2.0 lanza como sentencia: «Del 60 para atrás, todo para ti». No es una discusión sobre calidad. Es una discusión sobre cuándo empezó cada uno a mirar.
La sospecha: la lista como señal de estatus
Hay una respuesta del ejercicio que no propone ninguna película. Caricaturiza a quien las propone. Describe un tipo de lista hecha de títulos con un nombre rotundo y buena nota en IMDb, firmados por un director de prestigio, serios, con muchas corbatas y en blanco y negro a ser posible, elegidos más por el brillo que otorgan que por lo que uno disfruta al verlos.
La pulla apunta a un mecanismo conocido: el canon funciona como señal de pertenencia. Cuanto más difícil de ver la película, mejor sienta citarla. Es la misma lógica que convierte una lista de favoritas en un examen que nadie ha pedido.
Lo que se escapa del canon y no aparece en ningún top convencional
Fuera del circuito de los grandes nombres queda un rastro de títulos que apenas coinciden entre sí: El espejo y Sacrificio de Tarkovski, Adiós a Matiora, Dersu Uzala, El ladrón de bicicletas, Jeremias Johnson, Il sorpasso, Nazarín, El verdugo. También rarezas como Jo, qué noche (1985), rescatada como ejemplo de surrealismo inclasificable.
Hay más. Desafío Total, de 1990, se cita como película que se adelantó años a su época y que no envejece. Y aparece una recomendación de cine surcoreano disponible gratis en RTVE, con el aviso de verla en versión original subtitulada. Son las respuestas que no caben en ningún top y que, precisamente por eso, son las más útiles.
Con semejante dispersión, la pregunta pertinente ya no es cuál es la mejor película de la historia. Es por qué un puñado de títulos se repite en muchas listas distintas mientras otros, igual de buenos, no aparecen en ninguna. ¿Canon o simple costumbre?