Policía empuja a una profesora de 68 años: nariz rota y siete puntos de sutura
Un vídeo que circula desde ayer muestra a un agente de policía empujando por la espalda a una muyer durante una protesta sindical en Madrid. La docente, de 68 años, cayó al suelo y sufrió fractura nasal y heridas en la barbilla que requirieron puntos de sutura. Las imágenes, grabadas por un testigo, han reabierto el debate sobre el uso desproporcionado de la fuerza en manifestaciones.
La agresión: un empujón que no fue "mini"
El incidente ocurrió cuando la profesora, según testigos, se encontraba sentada en el carril de circulación junto a otros manifestantes. El agente se acerca corriendo y, sin previo aviso, la empuja con el brazo extendido, aprovechando la inercia de su carrera. La muyer, de complexión delgada, cae de espaldas y se golpea la cabeza contra el asfalto. La versión oficial sostiene que se trató de un "desalojo proporcionado", pero los planos del vídeo muestran que el policía ni siquiera se detuvo a comprobar su estado tras la caída.
Varios análisis de la secuencia señalan que la fuerza aplicada era innecesaria: la manifestante no oponía resistencia activa y el agente podría haberla desplazado con una advertencia o un contacto menos violento. La diferencia de peso y altura entre ambos (el policía duplica a la muyer en masa corporal) hace que el golpe sea equiparable a una caída desde más de un metro de altura. "A un tipo normal de 80 kilos le haría risa", ha intentado justificar algún defensor de la actuación policial, obviando que la víctima pesa menos de la mitad.
Consecuencias y reacciones
La profesora fue trasladada a un centro de salud donde le diagnosticaron fractura de tabique nasal y una herida incisa en el mentón que precisó siete puntos. Su sindicato ya ha anunciado que presentará una denuncia por lesiones y prevaricación. Mientras, en las redes sociales, el vídeo acumula cientos de miles de visualizaciones y un torrente de comentarios que van desde la exigencia de expulsión del agente hasta quienes defienden que "algo habría hecho" para merecerlo.
El caso ha puesto sobre la mesa la falta de un protocolo claro para desalojar a manifestantes pacíficos. En 2019, un aficionado al ciclismo que fue empujado por un guardia civil en similares circunstancias acabó multado con 3.600 euros mientras el agente fue absuelto. La diferencia: aquella vez el hombre grabó el empujón y denunció, pero la jueza consideró que el agente actuó con diligencia. La pregunta que flota es si la toga pesa más que la porra.
El falso debate de las "charos"
Parte de la opinión pública ha querido etiquetar a la víctima con el término despectivo "charo" (sindicalista de izquierdas) para justificar la agresión. Pero el problema no es la ideología de la manifestante, sino el hecho de que un agente del Estado emplee una violencia que excede cualquier criterio de proporcionalidad. Da igual que la profesora llevara una pancarta de CCOO o del PP: nadie debería acabar con la nariz rota por sentarse en una calzada. La Policía tiene medios de sobra para disuadir sin levantar sospechas de brutalidad. Lo que falla, como apuntan varios análisis, es la impunidad que otorga el uniforme y la ausencia de cámaras en todos los agentes.
Por ahora, el Ministerio del Interior no se ha pronunciado. La docente, que lleva 35 años dando clase, sigue hospitalizada. Y el policía, de momento, sigue en su puesto.
Debates relacionados en el foro