La Novena Puerta: el ocultismo que Polanski escondió a plena vista
Hay películas que se ven dos veces: una para seguir la trama y otra para darse cuenta de que la trama era lo de menos. La Novena Puerta (1999) pertenece a esa segunda categoría, y Roman Polanski lo sabía. Lo que parecía un thriller sobre un bibliófilo que busca un libro maldito es, para una corriente creciente de análisis, un compendio deliberado de claves alquímicas y esotéricas. Quien se detenga a mirar en lugar de solo ver, se encuentra con una película que no cuenta una historia: transmite una iniciación.
El tres, el nueve y las siete gloria
La estructura oculta del filme se sostiene sobre el número 3, fundamento del 9. Hay tres libros, cada uno con tres grabados “verdaderos”, y tres muyer que cumplen funciones místicas distintas. El 7, por su parte, suma lo divino (3) y lo terrenal (4), y en la película son siete los perecid que jalonan el camino del protagonista. Las referencias se multiplican: Cristo murió a la hora nona (las 3 de la tarde), el Yom Kipur comienza al atardecer del día 9 del séptimo mes hebreo y nueve son los frutos del Espíritu Santo. La película no esconde los números: los exhibe, pero solo para quien sabe dónde mirar.
El guiño que cambia el sentido: libro contra película
La adaptación de “El Club Dumas”, de Arturo Pérez-Reverte, es en realidad una obra autónoma. El libro es más explícito en su contenido satánico; la película opta por la sutileza. Un detalle lo resume: la inscripción del primer grabado. En la novela dice “Nadie que no haya combatido según las reglas lo consigue”; en el filme, “El silencio es oro”. El mensaje ya no habla de mérito, sino de discreción. Quienes defienden la película sostienen que ese cambio es la firma de Polanski; quienes prefieren la novela lo ven como una pérdida. El debate sigue sin cerrarse.
Polanski, Manson y la casa del amor
La biografía del director se cuela en la película. Sharon Tate llamaba a su casa de Cielo Drive “The House of Love”, y la mansión donde se celebran los rituales en el filme ha sido asociada a ese mismo lugar, también utilizado en Eyes Wide Shut. Hay más guiños: la chica de ojos verdes lee “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”, el libro que Charles Manson usaba para manipular. El anagrama “Roman Castevet”, presente en otra obra del director, refuerza la lectura autobiográfica. Polanski no oculta su condición de “director maldito”: la tragedia de 1969 y su condena por mantener una relación sensual ilegal con una menor lo convirtieron en un personaje público incómodo, pero el cineasta siguió sembrando pistas.
¿Iniciación luciferina o transformación alquímica?
Las interpretaciones del final se dividen. Para unos, la novena puerta es una iniciación luciferina; para otros, un proceso alquímico con sus fases de nigredo, albedo y rubedo, en el que el protagonista se transforma y cruza la última puerta. También hay quien sostiene que la lámina final es una broma de los hermanos Ceniza, guardianes de un secreto que quizá nunca existió. En el último plano, apenas visible, una figura humana aparece en la ventana: puede ser la chica de ojos verdes, Lucifer o simplemente un reflejo. La película, veinticinco años después, sigue sin agotarse. Lo inquietante es que cada revisión añade una capa nueva, y que ninguna lectura logra cerrar del todo la puerta.