Las siglas P.S. que descolocan a TVE: ¿otro M.Rajoy?
Que los tertulianos de un programa de TVE hayan tenido que recurrir a la audiencia para identificar unas siglas debería ser anécdota si no tuviera un precedente demasiado conocido. Cuando en los papeles de Bárcenas apareció la anotación «M.Rajoy», la maquinaria política y mediática se puso en marcha. Años después, la Audiencia Nacional nunca admitió esa mención como prueba válida, pero el daño reputacional ya estaba hecho. Ahora, las iniciales «P.S.» aparecen en el contexto de la investigación sobre la «fontanera» Leire y los intentos de presionar a jueces y fiscales. Y la pregunta de la televisión pública es: ¿quién es P.S.?
La ironía del asunto es que, cuando se trata de Pedro Sánchez, el argumento que se usó para descartar a Rajoy se repite calcado: «es un nombre muy común, podría ser cualquiera». Los que entonces coreaban que M.Rajoy era Mariano Rajoy sin duda alguna, ahora exigen pruebas irrefutables. El doble rasero no es nuevo, pero en este caso resulta especialmente sangrante porque la propia mecánica de las filtraciones y las anotaciones es idéntica.
El debate trasciende la mera curiosidad: pone sobre la mesa hasta qué punto las iniciales en agendas o cuadernos pueden ser utilizadas como arma política. Si la Audiencia Nacional ya dictaminó que la mención a Rajoy no era concluyente, ¿por qué habría de serlo ahora? La respuesta, para quien haya seguido el caso, es que no lo es. Pero eso no impedirá que se utilice como propaganda.
Al final, el misterio de P.S. probablemente quede sin resolver, o se resuelva de forma tan ambigua como el de M.Rajoy. Mientras, los tertulianos de TVE seguirán preguntándose, y el público, escéptico, recordará que quien siembra iniciales recoge tempestades.
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