La luz sube un 20% en agosto: la ironía tapa la pobreza energética
Agosto es cruel con el bolsillo. La subida del 20% en la factura de la luz ha reabierto una vieja polémica en la que la ironía se utiliza como escudo. Pero bajo el sarcasmo, el dato es tozudo: la electricidad sigue siendo un lujo para una parte creciente de los hogares españoles.
El relato oficial prometió que las renovables abaratarían el recibo y reducirían la dependencia de los países productores de petróleo. La realidad es otra: el precio se dispara y, por si fuera poco, el sistema ha estado al borde del apagón en varias ocasiones. Hay quien sostiene que la transición energética, mal gestionada, ha generado más problemas de los que resuelve.
Mientras tanto, la crispación política se cuela en cada discusión. Unos cargan contra el Gobierno; otros piden que se pague por los apagones; algunos esperan que El País publique un artículo explicando que alumbrar con velas es una moda ecológica. El humor no oculta el fondo: la pobreza energética tiene nombres propios, pero nadie parece dispuesto a atajar sus causas.
El dato que descoloca: en pleno despliegue renovable, el sistema ha estado a punto de quedarse a oscuras en al menos cuatro o cinco ocasiones. ¿De qué sirve tanta fotovoltaica si luego la red no aguanta? El recibo sube, la culpa es de todos y de nadie, y la próxima factura de la luz seguirá dando razones para la sorna.