Cuatro frentes para noviembre: el plan ruso que deja Odesa fuera
¿Aguanta Rusia una ofensiva simultánea en cuatro frentes? El plano que se atribuye al mando ruso sitúa el arranque a finales de octubre o en noviembre, apoyado en la movilización de
300.000 reservistas, y reparte la maniobra en cuatro ejes: desde Bélgorod hacia Sumy y Poltava; desde el sur hacia Zaporiyia y Dnipro; desde Homyel hacia Chernigov con Kiev como horizonte; y desde Pinsk hacia Leópolis para cortar el suministro occidental. Los dos primeros movimientos buscan embolsar a las tropas ucranianas del Donbás. El propio esbozo admite que la operación tardaría meses y que el movimiento final sobre la capital no llegaría hasta
2023. Todo, de momento,
sobre el papel.
Los cuatro ejes: de Bélgorod a Leópolis
El primero es el más comentado: desde Bélgorod, tomar Sumy y Poltava. El segundo sube desde el frente sur ya abierto, por Zaporiyia y Dnipro. Juntos, según ese plano, cerrarían la bolsa sobre el Donbás. El tercero usa Bielorrusia y parte de la fuerza concentrada en Homyel para entrar en Chernigov, con Kiev como objetivo final; ahí el calendario se estira hasta 2023. El cuarto desciende desde Pinsk hacia Leópolis y corta hacia el sur, con un objetivo doble: secar el suministro occidental y acelerar el final del conflicto.
Los cuatro puntos comparten una ausencia llamativa:
Odesa no aparece. Una corriente del análisis sostiene que la ciudad portuaria es la pieza que lo cambia todo, y hay quien la describe sin rodeos como fruta madura. La respuesta es que mirarla sería un suicidio: está bien defendida y bastaría con saturarla con drones suicidas iraníes mientras se desarrolla el resto de la maniobra. Con la flota del mar Negro vigilada de forma permanente por la OTAN, cualquier aproximación naval se antoja improbable.
300.000 movilizados y material de los años 60
El cuello de botella no es el mapa, es la gente. La movilización de 300.000 efectivos se lee como una leva de hombres sacados de sus casas, con una media de edad cercana a los 50 años, instrucción mínima, armamento antiguo y munición escasa. Reponer lo perdido ya era un problema antes de añadir 300.000 bocas nuevas al frente.
El precedente que sobrevuela el análisis es febrero: la operación sobre Hostomel y el asalto a Kiev se hizo con tropas muy superiores a las reclutadas ahora. Repetir aquello, con menos calidad y con los satélites mirando cada movimiento, se descarta casi por unanimidad. La conclusión más repetida: Rusia puede sostener lo conquistado, pero una ofensiva propia exige tres o cuatro meses de preparación como mínimo. Y nadie ha respondido todavía si lo que viene serán columnas blindadas o un asalto masivo al viejo estilo
davai.
Bielorrusia como rampa y el riesgo de que Polonia entre
Bielorrusia deja de ser un actor
decorativo: habría transferido a Rusia material equivalente a
dos divisiones mecanizadas, según un dato mencionado en la conversación y sin confirmar. Sus tropas, en cambio, se ven como la parte más frágil de la ecuación, con deserciones previsibles y escasa motivación.
El movimiento que nadie controla es el polaco. Si una columna bielorrusa cruza la frontera, se sostiene que Polonia entraría en guerra «por nuestra seguridad» y se convertiría en el segundo país
proxy, ahora con el arsenal de la OTAN y con territorio ucraniano como base. En el extremo más agresivo del espectro aparece incluso el misil Sarmat como amenaza de escalada, un envite que nadie desarrolla.
La geografía que nadie quiere cruzar
El mapa desmiente buena parte de la épica. La frontera entre Bielorrusia y Ucrania es, en su mayor parte, campo abierto, bosque impenetrable y pantanos, con carreteras que apenas aguantan tráfico pesado; un 75% del trazado, se dice, no ofrece nada aprovechable. El único corredor decente está casualmente al norte de Kiev, en la zona de Chernóbil. Un cálculo señala que harían falta
40.000 soldados solo para operar por ahí, y que no llegarían a ninguna parte.
El aviso chino y el resto de la partida
Mientras el plano se discute, el gesto más concreto lo ha dado
China: su Ministerio de Exteriores ha pedido a sus ciudadanos que salgan de Ucrania lo antes posible. Ninguna autoridad ha confirmado que ese aviso tenga relación con la ofensiva descrita. En paralelo, en redes sociales se difunden vídeos y mensajes sobre protestas por el precio de la energía en Bruselas y en varias ciudades alemanas contra las sanciones y contra el coste de sostener a Kiev.
Con 300.000 hombres, cuatro ejes y un calendario que se estira hasta 2023, el plan tiene de todo menos prisa. El único actor que ha movido ficha con un gesto verificable —China diciendo a los suyos que se marchen— tampoco ha explicado por qué.