Putin contra el NWO: ¿dignidad de los pueblos o cambio de amo?
¿Es Putin el líder que planta cara al Nuevo Orden Mundial o es, simplemente, otra pieza del mismo tablero? La pregunta recorre el subforo de III Guerra Mundial desde que un mensaje inicial reprodujo una declaración del presidente ruso sobre el «fundamental breakdown of liberal world order» y la acompañó de una consigna: «Dignidad de los pueblos contra globalismo». A partir de ahí, el asunto derivó en una discusión que mezcla geopolítica, economía y desconfianza mutua, y que dice bastante sobre cómo se lee hoy cualquier conflicto internacional.
El punto de partida: una cita y una etiqueta
El material arranca con un tuit que atribuye a Putin la frase «fundamental breakdown of liberal world order is underway» y con una lectura inmediata: los pueblos recuperan dignidad frente al globalismo. La primera respuesta desmonta el entusiasmo con una imagen poco épica: «Como os la tragáis doblada. Mirando al cielo y con gusto». Y a partir de ahí se abre la caja de los truenos.
La discusión más repetida no es sobre Ucrania, sino sobre semántica. Varios intervinientes insisten en que
globalismo y globalización son conceptos antagónicos que solo se parecen en la gramática. La distinción se formula así: una cosa es un mercado de intercambio global y otra muy distinta un gobierno global. Quien confunde ambos términos, viene a decirse, no entiende de qué se está hablando.
¿Quién sostiene a quién?
El argumento más incómodo para el relato épico llega pronto: si Putin es tan soberano, ¿por qué depende de drones iraníes, chips chinos, munición bielorrusa y soldados sirios? La pregunta queda flotando. Otro interviniente añade que
Rusia, China, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña son «los mismos de siempre», y que Putin es solo «la cara de la misma moneda del Nuevo Orden Mundial».
Hay quien lleva la tesis más lejos y sostiene que
EEUU, China y Rusia interpretan el mismo sainete. La idea de fondo: los de arriba se inventan aliados y enemigos según convenga, y el ciudadano de a pie asiste al reparto sin enterarse de nada. Enfrente, la postura clásica: es lógico que los países grandes generen líderes que quieren mandar en su territorio sin que nadie de fuera les diga qué hacer. El ejemplo no es solo Rusia o China: también Turquía e Irán.
El contraejemplo ucraniano
La objeción más repetida a esa simpatía por el soberanismo ruso es Ucrania. Si el criterio es no dejarse avasallar por potencias externas, ¿por qué no aplicarlo a Kiev? La respuesta de una parte del foro es que Ucrania no es un país soberano, sino un territorio intervenido: se habla de un golpe de estado, de población lobotomizada y de un país convertido en el más pobre de Europa. Otra corriente responde con el argumento contrario:
quien no se ha dejado avasallar es Ucrania, y Putin solo tuvo problemas cuando empezó a tocar los cojones fuera de su territorio.
El intercambio se calienta y aparecen los reproches personales, las acusaciones de sectarismo y las referencias cruzadas a otros conflictos. La discusión sobre el NWO acaba convertida, como casi siempre, en una pelea sobre qué país merece el calificativo de libre.
La economía como campo de batalla
El terreno donde el debate se vuelve más concreto es el económico. Un interviniente recuerda que el PIB per cápita ruso ha caído un 30% desde 2013 y que, en su mejor momento, ni se acercaba al 50% de la media de Europa occidental. Otro responde con la deuda: Sri Lanka, los Rajapaksa y el uso de la isla por parte de China como ejemplo de lo que viene. La Agenda 2030 aparece mencionada como el relato que prepara a Occidente para decrecer mientras China y Rusia se reparten el tablero.
La contra más repetida: si Rusia fuera tan débil, no habría aguantado. Y si Occidente fuera tan fuerte, no necesitaría tanto relato. Nadie mueve su posición un milímetro.
El cierre: nadie se baja del burro
Al final del recorrido, la sensación es la de siempre: unos ven en Putin al último dique contra un gobierno mundial en construcción; otros, al capataz de la misma obra. Y en medio, un montón de gente que sospecha que el enemigo declarado y el aliado declarado salen del mismo despacho. Con ese material, cualquier artículo que prometa certezas miente.