Pensiones: de 8 años de retiro a 25, el desfase que no cierran las cuentas
El 21 de julio de 2026, la economista Pilar García lanzó un dato incómodo: el sistema de pensiones español se diseñó para cubrir entre 8 y 10 años de vida tras la jubilación. Hoy, quien se retira a los 65 años y medio se enfrenta a una esperanza de vida de 25 años más. La ecuación, en un sistema de reparto, es matemáticamente insostenible.
El déficit de la Seguridad Social ronda los 30.000 millones. La respuesta del Gobierno, según el real decreto anunciado por la ministra Elma Saiz, ha sido abrir la jubilación flexible a los autónomos, permitiéndoles compatibilizar pensión y trabajo. Una medida que, lejos de atajar el problema, lo alarga: al autónomo que cotiza de media 962 euros al mes, la flexibilidad le sirve de poco si la base de cotización es baja.
Hay quien cuestiona las cifras de esperanza de vida: 65+25=90 años, cuando la esperanza de vida real en España ronda los 83. Otros señalan que el cálculo debería incluir prestaciones como el subsidio para mayores de 52 años, que adelanta la salida del mercado laboral y engorda los años de cobro. Lo que nadie discute es que el ratio cotizante/pensionista se desploma mientras la natalidad no remonta.
El diseño original, cuando la esperanza de vida apenas superaba los 70, se ha quedado obsoleto. La pregunta que planea es quién pagará la factura: los cotizantes actuales, con sueldos mileuristas y precariedad, o las generaciones futuras. Mientras, el parche de la jubilación flexible no tapa un agujero que, según los cálculos, ya requiere un plan B.