La UE pone aranceles a AliExpress y la paradoja se vuelve insostenible
La Unión Europea aplica desde julio de 2024 un arancel provisional de 3 euros por categoría arancelaria sobre importaciones de hasta 150 euros procedentes de China. La medida, que justifica por competencia desleal y fraude, ha reabierto el debate sobre el proteccionismo y la coherencia de Bruselas. Hasta hace poco, las mismas voces que ahora defienden estos aranceles cargaban contra las barreras de Donald Trump. El contraste no pasa desapercibido para los consumidores que ven cómo un pedido de 10 euros se dispara a 25 solo en tasas.
El nuevo arancel europeo: 3 euros que cambian las reglas del juego
La tasa, denominada técnicamente como arancel, se aplica por cada categoría arancelaria distinta dentro de un mismo paquete. No es un impuesto único por envío, como algunos creen, sino que puede multiplicarse si el pedido contiene productos de distintas clasificaciones aduaneras. Está previsto que se mantenga hasta julio de 2028, cuando pasará a un arancel ordinario basado en el valor del producto. La Comisión Europea argumenta que busca frenar la entrada de mercancías a precios artificialmente bajos que compiten deslealmente con la industria europea. Sin embargo, en muchos segmentos –bridas, pegamentos, pequeños artículos de plástico– esa industria sencillamente no existe.
De la condena a Trump a la imitación: el doble rasero
Mientras los mandatarios europeos y los medios de comunicación mainstream dedicaron semanas a denunciar la política arancelaria de la administración Trump como una vuelta al proteccionismo más rancio, ahora la UE adopta un camino similar. Incluso más regresivo, según algunos análisis: el arancel europeo es fijo por categoría, lo que castiga por igual un cargamento de tornillos de 2 euros que uno de 140 euros. El argumento de la competencia desleal se vuelve endeble cuando los productos afectados no se fabrican en territorio comunitario. Como apunta un testigo directo, «lo peor es que los aranceles de Trump sí servían para proteger su industria; los nuestros solo encarecen la misma basura china».
El impacto en el bolsillo del consumidor
Para el usuario medio de AliExpress o Temu, la medida se traduce en sobrecostes que en ocasiones triplican el valor del pedido. Un ejemplo real: una compra de 10 euros –cuatro artículos de ferretería– acaba costando 25 euros después de aplicar los 3 euros por cada categoría. La paradoja es que los colectivos más golpeados son los hogares con menor renta, que recurrían a estas plataformas para acceder a productos baratos. Mientras, los políticos europeos que predicaban la solidaridad con el consumidor estadounidense bajo Trump ahora callan o justifican la medida como necesaria para la «resiliencia ecológica».
¿Hacia una guerra comercial con China?
La UE ya ha aplicado un arancel del 30% a los coches eléctricos chinos, y la nueva tasa a pequeños envíos no hace sino tensar la cuerda. Pekín ha respondido históricamente con represalias sobre productos agrícolas y tecnológicos europeos. Si la tendencia se consolida, el consumidor europeo pagará más por casi todo, y la hipocresía del relato oficial quedará al descubierto. La pregunta que sobrevuela es sencilla: si los aranceles siempre fueron malos, ¿por qué ahora son buenos solo porque los pone Bruselas?