Líbano: el gobierno usa a Israel contra Hezbolá mientras la economía se desmorona
El gobierno libanés, en un giro que deja perplejo a más de uno, ha sentado a sus embajadores con los de Israel en Washington por primera vez desde 1948. Mientras, las bombas israelíes seguían cayendo sobre el país, matando al menos a 35 personas el mismo día de la reunión. La paradoja es tan sangrante que solo se entiende si se observa la jugada maestra: el ejecutivo de Beirut está utilizando la maquinaria de guerra israelí para deshacerse de Hezbolá, la única fuerza que realmente se opone al avance del 'Gran Israel'. Pero, ¿a qué precio?
El colapso económico como telón de fondo
Líbano no llega a esta encrucijada desde una posición de fuerza. Desde 2019, el país sufre un colapso económico total. El Banco Central está seco, la libra libanesa ha perdido el 98% de su valor y el 80% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Un gobierno que no puede pagar la luz ni recoger la basura no negocia desde la fuerza, sino desde la desesperación absoluta. La clase política, la misma que saqueó el país durante décadas, busca ahora un salvavidas en el enemigo histórico. Su 'legitimidad' es un chiste macabro, y su estrategia, una apuesta de todo o nada.
Hezbolá: ¿resistencia o rémora?
El debate se polariza en torno al papel de Hezbolá. Por un lado, se la presenta como la única resistencia real a la ocupación israelí, una milicia que ha logrado poner en jaque al ejército hebreo en el sur. Por otro, se la acusa de ser un estado dentro del estado, un brazo iraní que actúa como un contendiente al monopolio de la violencia y que impide la estabilidad del país. El gobierno libanés, sabedor de que no puede derrotar militarmente a Hezbolá, ha decidido externalizar el trabajo sucio a Israel, que encantado colabora: se carga a un enemigo común y se asegura un interlocutor más manejable para el futuro.
La geopolítica del gas y el petróleo
Bajo la superficie, hay intereses energéticos que explican muchas cosas. Líbano se asienta sobre posibles reservas de gas en el Mediterráneo, y la construcción de gasoductos hacia Europa pasa por la estabilidad de la región. Que un oleoducto o gasoducto cruce territorio libanés requiere un gobierno dócil, no una milicia chií que responda a Teherán. Israel y EE.UU. necesitan que Líbano se convierta en un nodo energético sumiso, y para ello el primer paso es eliminar a Hezbolá, por las buenas o por las malas.
El derecho internacional, ese convidado de piedra
Mientras tanto, el enviado de la ONU, Mike Waltz, defiende posibles ataques estadounidenses a centrales eléctricas y puentes libaneses, desestimando las acusaciones de crímenes de guerra como 'irresponsables'. Ataques a civiles, como el de una escuela infantil en Minab, se siguen produciendo. El derecho internacional no existe más que para obligar a los débiles. EE.UU. e Israel actúan con impunidad, y la comunidad de naciones mira hacia otro lado.
¿Hasta dónde llegará esta alianza tácita entre Beirut y Tel Aviv? Por ahora, el gobierno libanés juega con fuego: usar a Israel para eliminar a Hezbolá puede salir bien, pero también puede incendiar lo poco que queda del país. La economía no da más de sí, y la población, atrapada entre bombas y miseria, es la que paga el pato. La pregunta que nadie responde es: cuando Hezbolá caiga, ¿qué quedará entonces para defender el Líbano?
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