El IMV alcanza un nuevo récord: 862.859 hogares
862.859 hogares percibían el Ingreso Mínimo Vital en el último dato disponible, 146.768 más que hace un año y un incremento del 20,5%. El Gobierno celebra el aumento de la cobertura. Para el análisis económico, es un síntoma de que la red de protección se expande mientras el empleo no logra reducir la necesidad de ayudas.
Un récord que abre dos lecturas
Por un lado, la extensión del IMV cumple el objetivo de llegar a más vulnerables. Por otro, que un 20% más de hogares necesiten esta renta en solo doce meses indica que la precariedad no remite. Algunos analistas señalan que la política migratoria y la regularización de nuevos residentes están disparando la demanda: se incorporan personas con baja empleabilidad inmediata. Otros apuntan al clientelismo electoral: el voto cautivo de los perceptores refuerza al partido en el poder. "El logro sería reducir el número de beneficiarios, no aumentarlo", resume una corriente escéptica.
El debate sobre la sostenibilidad
Con 862.859 hogares dependiendo de la prestación, el coste fiscal crece. Cada nuevo beneficiario implica más impuestos o más deuda para el resto de contribuyentes. La pregunta que flota es si esta tendencia es sostenible a largo plazo, especialmente cuando se cruza con el envejecimiento poblacional y el aumento previsto de pensiones. "Dentro de 20 años, masas de población con rentas vitalicias sin trabajar", augura una de las proyecciones más pesimistas.
La foto actual del IMV es clara: más cobertura, más dependencia, más gasto público. El Gobierno lo vende como éxito social. Los críticos lo ven como un fracaso del mercado laboral y una bomba fiscal a medio plazo. Ambas lecturas tienen datos de su parte.
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