La inmigración no arregla el problema de las pensiones en España: el aviso de Funcas y la AIReF
La narrativa oficial sostiene que la llegada de inmigrantes jóvenes ayudará a sostener el sistema de pensiones. Pero los datos y los análisis más recientes apuntan en otra dirección. La Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas) acaba de alertar de que la inmigración no solo no resuelve el envejecimiento demográfico, sino que puede agravarlo. El motivo: España atrae a un perfil migratorio cada vez más envejecido, que añade presión al gasto público sanitario y de dependencia sin compensarlo con cotizaciones suficientes.
El perfil del inmigrante que llega: más mayor y menos productivo
Los datos son contundentes. En los últimos cuatro años, España ha recibido unos 615.000 inmigrantes mayores de 55 años, una cifra superior a la población total de Málaga. El colectivo de extranjeros mayores de 54 años es el que más crece, y los que entran por arraigo familiar mayores de 65 años se han disparado un 3.500%. Son personas que, en muchos casos, no cotizan lo suficiente o directamente acceden a prestaciones no contributivas. La AIReF lo confirma: la regularización masiva de inmigrantes apenas aportaría 0,03 puntos de PIB a las cotizaciones hasta 2050. Casi nada.
El factor estructural: bajos salarios y alta precariedad
Pero el problema no es solo la edad de entrada. La calidad del empleo que se ofrece a la población migrante es clave. Un análisis detallado muestra que el Salario Mínimo Interprofesional en España apenas cotiza un 6,5% a la Seguridad Social, frente al 20% en Francia o Alemania. Además, la tasa de sustitución de las pensiones para salarios bajos roza el 100%, lo que eleva el gasto futuro sin ingresos equiparables. La precariedad laboral —contratos parciales, temporales, salarios bajos— hace que muchos inmigrantes coticen poco y consuman servicios públicos como cualquier otro ciudadano. El resultado: un saldo fiscal negativo.
Un debate con posturas enfrentadas
Frente a este diagnóstico, hay quien defiende que la inmigración sí puede ser parte de la solución si se focaliza en perfiles jóvenes, cualificados y con empleo estable. Pero los datos disponibles muestran que el flujo actual no responde a ese perfil. La reforma del reglamento de extranjería de 2022 eliminó la exigencia de seguro privado para el arraigo familiar, lo que facilitó la llegada de personas mayores sin recursos. Mientras tanto, la tasa de natalidad sigue en caída libre y la esperanza de vida aumenta. La ecuación demográfica no sale con más inmigrantes si estos no cotizan en las mismas condiciones que la población activa.
Cierran el análisis dos certezas: el sistema necesita más cotizantes jóvenes y productivos, no más personas dependientes; y la solución demográfica no llegará por sí sola sin reformas estructurales. Quien espere que la inmigración tape el agujero de las pensiones se llevará una decepción.