Silvianoga
Pompero
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- 12 Oct 2026
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Hay un tipo de premio en las empresas que se parece sospechosamente a un castigo.
Funciona así.
Dos trabajadores tienen el mismo puesto.
Uno resuelve problemas, se ofrece cuando hay una urgencia y consigue sacar adelante asuntos que otros llevan semanas evitando.
El segundo cumple lo justo. No se complica.
A los seis meses, el primero tiene el doble de responsabilidades. Todo el mundo cuenta con él.
El segundo, mientras tanto, tiene tiempo para aprender cosas nuevas, participar en otros proyectos y hacerse visible ante dirección.
Cuando aparece una oportunidad de promoción, al primero le dicen que no pueden prescindir de él donde está.
Al segundo le ofrecen el puesto.
No sé si habrá algo más desmotivador que descubrir que tu propia competencia profesional se ha convertido en el principal obstáculo para pogre.
Hace poco me llamó la atención una reflexión de reglasnoescritas (punto com) sobre cómo cambia el valor del trabajo cuando algo excepcional empieza a darse por supuesto.
Y eso explica una parte del problema.
La primera vez que resuelves una crisis eres brillante.
La quinta, eres eficiente.
La décima, simplemente estás cumpliendo con lo que esperan de ti.
Y si la undécima dices que no puedes, eres poco colaborativo.
Lo preocupante es que el resto del equipo observa todo esto.
Y aprende.
Una empresa que premia el esfuerzo con más carga de trabajo no debería sorprenderse cuando sus empleados empiezan a esforzarse menos.
¿Creéis que esta dinámica se debe a malos responsables o que muchas empresas, sin pretenderlo, han construido un sistema donde sale más rentable parecer ocupado que resolver problemas?
Funciona así.
Dos trabajadores tienen el mismo puesto.
Uno resuelve problemas, se ofrece cuando hay una urgencia y consigue sacar adelante asuntos que otros llevan semanas evitando.
El segundo cumple lo justo. No se complica.
A los seis meses, el primero tiene el doble de responsabilidades. Todo el mundo cuenta con él.
El segundo, mientras tanto, tiene tiempo para aprender cosas nuevas, participar en otros proyectos y hacerse visible ante dirección.
Cuando aparece una oportunidad de promoción, al primero le dicen que no pueden prescindir de él donde está.
Al segundo le ofrecen el puesto.
No sé si habrá algo más desmotivador que descubrir que tu propia competencia profesional se ha convertido en el principal obstáculo para pogre.
Hace poco me llamó la atención una reflexión de reglasnoescritas (punto com) sobre cómo cambia el valor del trabajo cuando algo excepcional empieza a darse por supuesto.
Y eso explica una parte del problema.
La primera vez que resuelves una crisis eres brillante.
La quinta, eres eficiente.
La décima, simplemente estás cumpliendo con lo que esperan de ti.
Y si la undécima dices que no puedes, eres poco colaborativo.
Lo preocupante es que el resto del equipo observa todo esto.
Y aprende.
Una empresa que premia el esfuerzo con más carga de trabajo no debería sorprenderse cuando sus empleados empiezan a esforzarse menos.
¿Creéis que esta dinámica se debe a malos responsables o que muchas empresas, sin pretenderlo, han construido un sistema donde sale más rentable parecer ocupado que resolver problemas?
