Filadelfia investiga al presunto asesino en serie de Olney
Una infracción de tráfico. Nada más. En junio de 2026, la policía de Filadelfia paró el vehículo de Eugene Horsch, de 44 años, y dentro aparecieron drogas, dos armas de fuego, un prod eléctrico y una placa falsa de la DEA. Ese control rutinario fue el hilo del que tiraron los investigadores hasta llegar a su casa de la avenida Chew, en el barrio de Olney. Lo que empezó como un asunto de tráfico acabó en casi un centenar de órdenes de registro y en una investigación por la desaparición de varias mujeres.
Del control de tráfico a casi cien registros
Conviene separar lo formalizado de lo que aún se investiga. Un gran jurado federal acusó a Horsch de posesión de armas por delito grave y de posesión de documentos producidos ilegalmente, los cargos que constan por escrito. La posible relación con desapariciones de mujeres es una línea abierta, sin conclusión pública a la fecha de esta discusión.
Los agentes ejecutaron casi 100 órdenes de entrada sobre la vivienda. En su interior apareció una plantación de marihuana y un volumen de material que ha convertido la casa en el eje del caso. La secuencia tiene un aire conocido: el delito menor que abre la puerta y el expediente que crece después.
Qué significa una cifra como casi 100 registros
Una sola orden de entrada se pide cuando hay una sospecha concreta. Cien se piden cuando el procedimiento se desborda. No hay que ser un lince para leer ahí el tamaño que los investigadores atribuyen al asunto, aunque el detalle exacto de qué se busca y qué se ha hallado no está cerrado.
Los casos que reaparecen cuando aparece una casa así
El paralelismo con Pazuzu Illah Algarad es inevitable. Nacido en San Francisco el 12 de agosto de 1978, cambió legalmente de nombre en 2002 y murió en prisión el 28 de octubre de 2015. En su casa de Clemmons, Carolina del Norte, la policía encontró en octubre de 2014 restos óseos de dos hombres enterrados en el jardín, entre ellos Joshua Wetzler, desaparecido en 2009. Los vecinos describían la casa como la casa del terror.
También se cita el caso de los asesinatos de la playa de Gilgo, en Long Island, llevado a una serie documental y por el que, según se sostiene en el debate, hace poco se detuvo a un sospechoso. Y en España, el caso del gimnasio de Bilbao: un detenido por una infracción acabó vinculado a restos humanos, según los relatos que circulan en el debate. Lo más llamativo de aquel episodio, según se ha contado, es que cuando los buzos buscaron en el río Nervión aparecieron huesos que llevaban décadas allí. Esa frase resume lo incómodo del asunto mejor que cualquier informe: a veces el sistema llega tarde, y el fondo del río lo demuestra.