La geografía del cine perturbador: de Polanski a Gymkata, qué buscan los que ya lo han visto todo
¿Se ha vuelto banal el cine extremo? Quienes consumen de forma habitual títulos como Natural Born Killers, La pasión de Cristo o Ciudad de Dios reconocen que ya nada les sorprende, pero que aún disfrutan buscando la siguiente rareza. La conversación entre aficionados, lejos de ser un mero catálogo de gore, revela un mapa de referencias que mezcla clásicos del malestar psicológico con rarezas inclasificables.
De Repulsión al faro de Eggers: la perturbación canónica
Entre las primeras menciones aparece Repulsión (1965), de Roman Polanski, un retrato de la descomposición mental en clave doméstica. También The Passenger (1975), con un Jack Nicholson casi mudo vagando por el desierto argelino y media Europa: un ejercicio de extrañeza existencial. En la otra punta, el cine reciente aporta El Faro (2019), de Robert Eggers, descrita como críptica y opresiva. Pero donde el consenso se rompe es al saltar a títulos inclasificables como Gymkata (1985), mezcla de gimnasia artística y artes marciales en un ficticio país oriental, o la obra de Panos Cosmatos (Beyond the Black Rainbow). Un participante señala que 'Possession' (1981), con su matrimonio en crisis en la Alemania Occidental pre-caída del muro, es la apuesta más segura si lo que se busca es rareza pura.
La legalidad como frontera: censura y acceso
Un dato relevante que asoma en la conversación es que todas las películas mencionadas son legales en España y no han sido censuradas. Esto contrasta con la percepción de que el cine perturbador suele moverse en los márgenes de lo prohibido. La anécdota de que Gymkata, dirigida por el mismo realizador de Operación Dragón, es considerada una 'obra maestra' del mal gusto, ilustra cómo la rareza puede ser también involuntaria.
El efecto Nicolas Cage: de los 90 al olvido
No podía faltar la referencia al actor fetiche de la rareza contemporánea. Se comenta que el prime de Nicolas Cage fueron los 90 y principios de los 2000, y que a partir de Ghost Rider su carrera se desdibujó. La película mencionada al respecto, probablemente Mandy (2018), pasó con un 'meh', lo que sugiere que incluso el actor más impredecible tiene un límite para sostener el interés de los buscadores de rarezas.
Con una oferta que va desde el terror psicológico europeo hasta el exploit más delirante, el catálogo de cine perturbador sigue vivo. La búsqueda de la siguiente película que logre incomodar al espectador curtido es un negocio en sí mismo: las plataformas y los foros especializados se retroalimentan. A estas alturas, quizá lo más perturbador sea comprobar que, en España al menos, todo esto es perfectamente legal.