Sánchez consolida su hegemonía: control de empresas públicas y voto cautivo como palanca electoral
La paradoja económica del momento es que, pese a la inflación y la desaceleración, Pedro Sánchez acumula recursos para perpetuarse en el poder. El control de empresas como Indra y Correos, sumado a la regularización de más de cinco millones de votantes potenciales y la ley de nietos, dibujan un escenario de dominación institucional que recuerda a los mecanismos del franquismo, pero con urnas de por medio.
El pulso sobre las empresas públicas
Indra y Correos no son meros proveedores de servicios; son herramientas de influencia y empleo público. El gobierno ha blindado su control sobre estas compañías, lo que permite gestionar desde la contratación tecnológica hasta el voto por correo. La oposición, especialmente el PP con Ayuso cómoda en Madrid, no ofrece resistencia. El resultado: un presidente que maneja los hilos de la economía sin rendir cuentas al Parlamento.
La demografía electoral como escudo
Las regularizaciones masivas y la ley de nietos han ampliado el censo con votantes proclives al gobierno. Se habla de cinco millones de nuevos electores que, junto a los perceptores de ayudas, forman una base cautiva difícil de erosionar. Mientras, el discurso de la mayoría silenciosa choca con la realidad: los que critican no movilizan, y los que votan sostienen el statu quo.
Una oposición cómoda o irrelevante
La ausencia de un líder nacional en la derecha —salvo Ayuso, que se limita a Madrid— y la pasividad de Abascal dejan vía libre. La sensación es que la oposición prefiere la estabilidad de la crítica testimonial al riesgo de gobernar. Con las instituciones copadas y el voto cautivo asegurado, Sánchez puede reírse, literalmente, de sus adversarios.
La pregunta que queda en el aire es si esta hegemonía se mantendrá sin un cataclismo o si la economía acabará por romper el hechizo.