Sánchez, el superviviente que divide España
¿Cómo es posible que un presidente con tantos frentes judiciales abiertos —su esposa investigada, su hermano procesado, varios ministros salpicados— siga en Moncloa ocho años después? Esa es la pregunta que sobrevuela el debate económico-político de las últimas semanas. Y las respuestas dibujan un país partido en dos.
Por un lado, está la corriente que ve en Pedro Sánchez a un animal político de excepción. Se argumenta que su habilidad para desbordar a la oposición —a la que califican de inoperante— y su capacidad para aguantar el acoso mediático y judicial son incomparables. Algunos apuntan a que su posición internacional, especialmente su postura contraria a la guerra y su dominio del inglés, le han granjeado simpatías fuera de España. Incluso se le compara con líderes autoritarios por su resistencia, aunque con evidente exageración.
La oposición, señalada como principal responsable
En el otro extremo, abundan las críticas feroces. Desde la derecha se le acusa de haber degradado las instituciones, de rodearse de corruptos y de gobernar gracias a pactos con fuerzas independentistas y a una supuesta manipulación del relato. La debilidad de la oposición —con un PP que no logra capitalizar el descontento y una Vox que crece pero sin llegar a gobernar— es vista como el verdadero motivo de su continuidad. Un sector sostiene que Sánchez no es un genio, sino que se beneficia de una oposición «de meme», incapaz de presentar una alternativa creíble.
Datos que alimentan la polarización
Los datos objetivos son esquivos. El PSOE perdió elecciones generales en 2019 y 2023, pero Sánchez sigue al frente gracias a mayorías alternativas. Su esposa, Begoña Gómez, está siendo investigada por un juzgado de Madrid; su hermano, David Sánchez, también tiene causas abiertas. Varios de sus ministros han estado bajo sospecha, y el caso de José Luis Ábalos —exministro de Transportes— ha sido especialmente sonado. Sin embargo, ninguna condena firme ha llegado. Mientras, la economía española crece por encima de la media europea, aunque la inflación y el coste de la vivienda golpean a las clases medias.
El factor psicológico: ¿envidia o realidad?
Hay quien reduce la animadversión a un simple resorte psicológico: envidian su éxito, su altura, su imagen. Otros, más duros, lo retratan como un «psicópata» capaz de mentir sin rubor. La discusión alcanza niveles de visceralidad que impiden cualquier análisis sereno. Lo único que queda claro es que, para bien o para mal, Sánchez ha logrado que el debate político español gire en torno a su figura. Y mientras la oposición no resuelva sus propios problemas internos, parece que el inquilino de La Moncloa seguirá ocupando el centro del tablero.
Al final, la respuesta a la pregunta inicial es incómoda: Sánchez aguanta porque el sistema político español está diseñado para eso, porque la oposición no da la talla y porque un segmento amplio del electorado —harto de la crispación— prefiere un presidente que, al menos, da la batalla. Ironías de una democracia que premia la resistencia más que la gestión.