España reconoce Palestina el 28-M y quien más lo celebra ya lo hizo antes
Conviene empezar por el dato incómodo. Como recuerda un participante, Suecia y buena parte del planeta ya reconocían a Palestina desde hace lustros. Con ese suelo de fondo, el anuncio de que España aprobará el reconocimiento del Estado palestino en el Consejo de Ministros del martes 28 de mayo pierde épica y gana interés por otro lado. La operación se presenta como una acción coordinada con Noruega e Irlanda, adelantada por Reuters y confirmada después por el propio Pedro Sánchez. No mueve una sola piedra sobre el terreno y aun así ha bastado para que Israel empiece a llamar a consultas a los embajadores de los tres países con una advertencia poco ambigua: «Habrá consecuencias». El gesto tiene más de política simbólica que de cambio sobre el mapa.
¿Qué ha anunciado exactamente Sánchez y con qué palabras?
El anuncio salió por redes antes que por el BOE. En su cuenta, el presidente escribió que, haciéndose eco del sentir mayoritario del pueblo español, España aprobará en Consejo de Ministros el reconocimiento del Estado de Palestina, y remató con un «ha llegado la hora de pasar de las palabras a la acción. Por la paz, la justicia y la coherencia». Horas antes, la agencia Reuters había adelantado que Noruega, Irlanda y España darían el paso de forma simultánea. El marco lo detalló Noruega: su primer ministro, Jonas Gahr Stoere, justificó la decisión como un modo de apoyar a las fuerzas moderadas que han estado perdiendo terreno en este largo conflicto. Desde EH Bildu se habló de «buena noticia», de un precedente positivo y de una deuda pendiente, con la petición añadida de ir más allá de la declaración política y ejercer presión.
La cortina de humo: el argumento que domina el análisis
Buena parte de la conversación no mira a Gaza, mira al calendario. La coincidencia del anuncio con la petición de explicaciones por asuntos que salpican al entorno del presidente alimenta la tesis de que el reconocimiento funciona como cortina de humo. Se suman la polémica de la ley sobre prostitución, el cruce de declaraciones con el presidente argentino y la sensación de que el Ejecutivo acumula un frente abierto nuevo cada día.
El gobierno de los bulos y las cortinas de humo es la fórmula con la que se resume esa lectura, y no es la única versión crítica: hay quien sostiene directamente que todo movimiento responde a la necesidad de crear tensión artificial cuando la gestión se le atraganta.
Qué cuesta reconocer Palestina: Marruecos, Estados Unidos e Israel
El reproche económico y diplomático es el más repetido tras el de la cortina de humo. Hay quien argumenta que España no gana nada con el gesto y sí pierde: peores relaciones con Estados Unidos, un enfriamiento con Israel y, sobre todo, un rearme de Marruecos en forma de más sistemas y material en un escenario de tensión futura. La otra cara de la balanza sostiene lo contrario: que el precedente de la retirada de tropas de Irak demostró que el enfado de Washington dura dos días y que lo razonable es hacer lo que se considera justo, porque la única salida realista al conflicto pasa por reconocer dos Estados. Noruega e Irlanda, dicen, tienen una economía que aguanta ese movimiento; la duda es si España está en la misma posición para permitírselo.
¿Se van a trasladar palestinos a España? La sospecha sin prueba
En el terreno especulativo aparece la hipótesis de que el reconocimiento sea el primer paso para acoger en España a población desplazada de Gaza, con Canarias como destino y las expropiaciones de vivienda turística como supuesta preparación del terreno. Conviene ser claro: ninguna fuente oficial avala ese escenario y se trata de una sospecha lanzada sin documentación. Se plantea igualmente la duda de a qué autoridad se reconoce, si a la palestina o a Hamás, y qué consecuencias diplomáticas arrastra el paso dado.
Kosovo, Suecia y el doble rasero del reconocimiento
La comparación que más incómoda resulta es la del retraso. Frente al gesto español se recuerda que Kosovo, con espacio aéreo y terrestre bajo control propio, sigue sin reconocimiento. Y que Suecia y buena parte del planeta llevaban lustros con la decisión tomada. La conclusión que extraen algunos es que Sánchez no inaugura nada, se suma tarde a una corriente y lo hace con más voluntad de resonancia internacional que de efecto práctico.
Con estas piezas sobre la mesa, el reconocimiento queda en un punto intermedio: insuficiente para quien lo ve como puro teatro y tardío para quien llevaba años reclamándolo. ¿Cuánto de esta diplomacia sobrevive al siguiente titular?