Sánchez, el Rey y la aritmética del poder: ocho o veinte años
¿Qué pretende un presidente al decir que el Rey lleva más de veinte años reinando mientras él solo acumula ocho de Gobierno? En plena entrevista, Pedro Sánchez ha vuelto a poner la Corona en el centro del debate con una afirmación que la cronología desmonta. Felipe VI no lleva veinte años de reinado, sino alrededor de doce desde 2014. El que superó las dos décadas fue su padre, Juan Carlos I, entre 1975 y 2014. Confundir reinados tiene su truco: convierte al presidente en el nuevo de la clase, y no lo es.
Ocho años de Gobierno que pesan más que doce de Corona
La comparación revela más de lo que esconde. Desde la Transición, solo Felipe González ha permanecido más tiempo al frente del Ejecutivo. Sánchez ya supera en años a Aznar, Zapatero y Rajoy, y eso es un dato, no una opinión. Quien se presenta como recién llegado arrastra dos legislaturas completas y la gestión de varias crisis encadenadas. El órdago del «yo llevo solo ocho años» suena a quien quiere resetear el contador de su propia responsabilidad.
El Rey, Ceuta y el permiso que no llega
El frente territorial añade gasolina. Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla llevan años en el ojo del huracán geopolítico, y la discusión ha llegado a los viajes del Rey. Según la interpretación constitucional, los actos del Jefe del Estado requieren refrendo del Gobierno, de modo que una visita oficial necesita visto bueno del Ejecutivo. La pregunta es por qué ese permiso no se ha concedido en todo este tiempo. Mientras tanto, las relaciones con Marruecos marcan la agenda y la seguridad de las fronteras se paga en los Presupuestos.
80.000 entradas irregulares en un mes: la factura de fondo
Detrás del ruido dinástico, el debate económico y migratorio corre en paralelo. Las cifras que manejan los análisis críticos hablan de 80.000 entradas irregulares en un solo mes. Eso tiene coste en acogida, sanidad, empleo y tensión social, y también en la negociación con Marruecos. Desviar el foco hacia la monarquía sirve para no hablar de lo que ocurre en el Estrecho, pero la frontera sigue ahí.
El movimiento de Sánchez no es inocente: el pulso a la Corona puede acabar en una promesa de referéndum monárquico-republicano para el próximo ciclo electoral. Es la carta que ya se ha visto en otros momentos de máxima presión. Que el Rey sea un actor constitucional con poco poder ejecutivo no impide que se convierta en el enemigo perfecto cuando la gestión propia no da más de sí.
Al final, la frase resume la estrategia: desgastar al adversario institucional para no hablar de ocho años de gestión. La aritmética, sin embargo, es tozuda: los años de Sánchez son los que son, y no se reducen comparándolos con una Corona que, para bien o para mal, lleva tres siglos en el mismo sitio.