Sánchez duda sobre la final: el miedo a la pitada pesa más que el ego
La decisión de Pedro Sánchez sobre si acudir a la final del Mundial de fútbol no es una cuestión de agenda, sino de puro cálculo político. Lo que en Moncloa presentan como dudas razonables es, en realidad, el temor a que medio estadio le coree algo más que su nombre. Las voces que circulan en ámbitos de análisis apuntan a que el presidente español teme una humillación en directo, especialmente si Argentina se proclama campeona.
El factor Trump y las investigaciones pendientes
Entre los escenarios que manejan sus asesores, destaca la posibilidad de que Donald Trump también asista. Un cara a cara en el que el estadio coreara a Sánchez mientras Trump sonríe sería un desastre de relaciones públicas. A esto se suma el rumor –nunca confirmado oficialmente– de que existen investigaciones estadounidenses sobre sus vínculos con Venezuela, lo que podría complicar su regreso a España.
La paradoja del ego y la cobardía
La disyuntiva es clásica en política: el ego le empuja a aparecer en la foto planetaria, pero la cobardía le frena ante el riesgo de un desplante masivo. Quienes le conocen señalan que, al final, la precaución se impone. Ya ha demostrado en otras ocasiones que prefiere evitar el foco cuando el ambiente es hostil. La final del Mundial no será la excepción.
El guión de la pitada
El escenario más temido: Argentina gana, la grada corea "Pedro Sánchez, hijo de puta" y las cámaras enfocan su cara. Sería portada mundial. Ni siquiera el control de la televisión pública –que podría quitar el sonido– evitaría la imagen. Y si hay un apagón o un caos técnico, el relato sería aún peor. Moción de censura incluida.
Predicción con reservas
Lo más probable es que Sánchez anuncie su ausencia a última hora, alegando "motivos de agenda nacional". Pero si el orgullo le puede, veremos la foto. Y si la ve, ya sabe lo que le espera.