2,48 euros por examen: la tarifa que la administración paga a los correctores de la EBAU
Una correctora de la EBAU, Patricia, ha hecho públicos los números que la administración prefiere no detallar: 2,48 euros por cada examen de Selectividad corregido. La cifra, desvelada en una entrevista, ha reabierto el debate sobre la precariedad en un proceso que decide el futuro académico de miles de estudiantes. De los correctores, un 60% son profesores de instituto y un 40%, universitarios, según sus propias estimaciones.
Limosna o salario digno: el cálculo que divide
El meollo de la discusión no está en el dato bruto, sino en el tiempo que se tarda en corregir cada examen. Si un corrector dedica 10 minutos por prueba, la tarifa horaria se sitúa en 14,88 euros; si el ritmo es de 7 minutos, sube a 21 euros. Pero hay quien asegura que con experiencia se corrigen en 2-3 minutos, lo que dispararía el ingreso a 50-60 euros la hora. «En una tarde te haces 100 exámenes y son 250 pavos», apuntan desde el gremio. En el extremo opuesto, hay quien recuerda que una señora de la limpieza sin estudios cobra 15 euros la hora, y que el trabajo de corrección es mecánico y repetitivo.
¿Voluntariado o presión encubierta?
La administración defiende que el trabajo es voluntario, y que los profesores lo aceptan sabiendo las condiciones. Sin embargo, fuentes del sector universitario señalan que para el Personal Docente e Investigador (PDI) que busca acreditarse y conseguir plaza, negarse a corregir puede tener consecuencias. «La estarán obligando desde el departamento», ironizan. Además, el dinero extra se cobra en junio, cuando los docentes ya tienen su salario base, por lo que algunos lo consideran un plus, no un sueldo.
Correcciones exprés: el precio de la rapidez
Varios correctores admiten que el bajo pago incentiva la velocidad, no la precisión. «Se leen los exámenes en diagonal y ponen la nota a ojo», denuncian. Las anécdotas de alumnos que reclaman y obtienen cambios de nota son frecuentes. La rúbrica, que debería garantizar la objetividad, se convierte a menudo en un check-list que se rellena deprisa. El resultado: un sistema que ahorra costes pero pone en duda la fiabilidad de la nota final.
La amenaza de la inteligencia artificial
Varios comentarios señalan que la IA podría sustituir pronto a los correctores humanos: «ChatGPT lo hace en 10 segundos y cobra 20 euros al mes». La posibilidad de que los exámenes se corrijan mediante algoritmos no solo reduciría costes, sino que eliminaría las quejas por parcialidad. Sin embargo, la implementación es aún incipiente y la polémica sobre la pérdida de empleo docente sigue abierta.
Con estas cifras, el dilema está servido: o se paga mejor o se automatiza. Lo que no parece sostenible es el actual término medio, donde los correctores se sienten explotados y los alumnos, mal evaluados.
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