Pastas Gallo traslada su pasta seca de Granollers a Córdoba
La mitad de la plantilla de Granollers, casi 40 personas, tiene sobre la mesa una oferta: trasladarse a Córdoba para seguir trabajando. Pastas Gallo ha anunciado que se lleva a Andalucía la producción de pasta seca —la que llena las estanterías de macarrones, espaguetis y fideos de sopa— y deja en
Cataluña la pasta fresca, la oriental y la sin gluten, que en volumen, según el cálculo que circula en el hilo, es casi anecdótica. No es un simple cambio de nave: la factoría de Granollers se inauguró en 1950 y hay quien la describe como la más rentable de la compañía desde entonces.
Qué se traslada y a qué localidad va exactamente
El destino real no es la capital cordobesa, sino
El Carpio, un municipio de la provincia de Córdoba. El matiz importa, porque el titular corto ha servido para casi todo: para hablar de deslocalización industrial, de castigo político y de una comunidad que pierde fábricas. En concreto se mueve la pasta seca. Macarrones, espaguetis y fideos de sopa suponen, según esa misma estimación, la práctica totalidad de la producción del grupo.
Lo que se queda —pasta fresca, oriental y sin gluten— aporta poco al balance. El efecto simbólico, en cambio, es enorme: la marca que durante décadas llenó las cocinas catalanas fabrica ahora sus macarrones en Andalucía.
El paquete cambia de acento.¿Por qué una empresa se lleva la producción de Cataluña a Andalucía?
Las explicaciones se cruzan y ninguna se impone. Una apunta al cambio de dueño: hace casi una década la familia propietaria vendió la compañía a un fondo de inversión, y un fondo no tiene por qué cargar con clientes que boicotean sus productos por ser catalanes. Otra mira a las cuentas públicas:
Cataluña es la comunidad con más impuestos propios, sostienen quienes siguen el rastro a cada fuga empresarial, frente a una Andalucía que, en esa lectura, ofrece una fiscalidad más amable.
A esos dos relatos se suma un tercero, más incómodo: si una empresa se muda porque le interesa económicamente, no está haciendo política. La frase se usa tanto para justificar la salida como para reprochar que cada cierre se lea en clave nacional. Y una cuarta lectura, más conspirativa, asegura que detrás hay un trasvase de subvenciones: menos ayudas autonómicas en origen y más en destino.
Absentismo, exportaciones y competencia fiscal entre comunidades
Cuando el debate se vuelve numérico aparecen los datos que cada parte elige. Andalucía figura entre las comunidades con menor absentismo laboral, mientras Cataluña se sitúa en la media;
Euskadi encabeza la tabla con 125,5 horas anuales por asalariado. En paralelo circula el dato de que Andalucía es la segunda comunidad más exportadora de España, munición para quienes niegan que el sur sea un desierto industrial.
La acusación de dumping fiscal —Madrid y Andalucía compitiendo a la baja en impuestos— se lanza en las dos direcciones. Unos la usan para explicar por qué se van empresas; otros, para pedir que Cataluña rebaje su carga propia en lugar de lamentarse. Al margen de la fiscalidad, queda la sospecha de las subvenciones industriales cruzadas. Se queda en sospecha: nadie aporta cifras de incentivos concretos en esta operación.
El boicot comercial y el fondo de inversión que compró la marca
El boicot es la pata menos cuantificable y la más citada. Hay quien dejó de comprar la marca hace años, y hay quien la sigue evitando por catalana, aunque la compañía dejó de serlo —según las versiones que circulan— casi una década atrás. Entre medias, un detalle de estantería que sirve de termómetro: quienes lo comentan señalan que los paquetes pasaron de 500 a 450 gramos y después a 400, con la sensación de pagar lo mismo por menos pasta.
También se recuerda que no todos los traslados son iguales. Hay empresas que mudaron su sede fiscal a otra comunidad manteniendo toda la operación en Barcelona; aquí lo que cambia de sitio es la producción.
De verdad.Qué pasa con los trabajadores que no se muden
La empresa ofrece el traslado a la mitad de la plantilla de Granollers, casi 40 personas. Mover una fábrica de 1950 no se mide solo en camiones: se mide en familias que deciden si cambian de comunidad por un empleo. El material del debate no detalla qué condiciones acompañan a la oferta ni qué ocurre con quienes la rechacen.
En el fondo asoma otra paradoja. Se repite que llegan ingenieros a Cataluña y no habrá dónde colocarlos, mientras se cuentan las fábricas que se van. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez, y eso es lo que hace tan difícil el titular.
El detalle que descoloca: cinco años después
Cinco años después del anuncio, hay quien sostiene que Pastas Gallo seguía fabricando en Granollers. Si eso es así, el incendio dialéctico se montó sobre una noticia a medio cumplir: el titular viajó más rápido que las máquinas, y el alcance real del traslado habría sido menor de lo que sugería.