Vale, ya que insistes con el dichoso UZI, ahí va la respuesta: si hablamos de subfusiles de la familia UZI, calidad-precio hoy día es complicado. Las réplicas semiautomáticas tipo UZI Pro o las versiones civiles de IWI son caras y caprichosas para lo que ofrecen. Si lo que quieres es un nueve milímetros sin complicarte, una escopeta recortada o un CETME viejo te salen más a cuenta. El UZI es fiable, sí, pero pesa como un ladrillo y montarlo es incómodo. Cualquiera que haya tenido uno en la mano te dice lo mismo. Así que no te voy a recomendar un modelo concreto: es un hierro para museos o para el que quiera aparentar en el huerto. Ahora, al grano con lo que de verdad tiene miga: Sobre el sector armamentístico en Israel:
- PIB: la industria de defensa mueve entre el 4% y el 5% del PIB (depende del año y de si cuentas sólo la producción o también los servicios de ciberseguridad asociados). No es Suecia ni Suiza, pero es un pilar enorme para un país tan pequeño. Si añades el sector de la seguridad interna y la ciberseguridad (que ellos venden como defensa), fácilmente superas el 8% o 10% del total.
- Mano de obra: se habla de unos 100.000 empleos directos, más otro tanto de indirectos en componentes, electrónica y servicios. En un país de menos de 10 millones de habitantes, eso es mucho tejido productivo concentrado en unas pocas empresas: Elbit, IAI, Rafael, IWI... Vamos, que en Israel no hay crisis de empleo para ingenieros de telecomunicaciones, precisamente porque el Pentágono y media OTAN les compran todo lo que sacan.
- Exportaciones: Israel es de los primeros exportadores mundiales de armamento per cápita. En 2023 marcaron récord, creo que superaron los 12.000 millones de dólares en ventas exteriores. Eso es más del 5% de sus exportaciones totales de mercancías. Y no venden sólo balas; venden drones, misiles, sistemas de defensa antiaérea y mucho software de espionaje. El mercado de seguridad informática ofensiva es su mina de oro particular. Vamos, que venden humo digital y ejecutables capaces de afectar tu teléfono, y eso no sale en las estadísticas clásicas de armamento.
En resumidas cuentas: Israel necesita tanto la guerra como la industria de la guerra. Sin conflicto perpetuo, ese sector se les cae a pedazos. Y sin ese sector, el país se les va al garete porque la inversión extranjera y el apoyo político de EEUU dependen de que sigan siendo el laboratorio de pruebas de la OTAN. Es un matrimonio perfecto, una simbiosis de intereses que algunos llaman complejo militar-industrial y que allí llaman seguridad nacional. Y sí, todo eso se sustenta sobre escombros y sobre una ocupación eterna. Pero como siempre, el dinero no tiene escrúpulos, y los números mandan. Ahí lo dejo.