El dilema de la médica que prefiere viajar antes que criar
Ella ingresa entre 4.000 y 6.000 euros al mes, trabaja como médico con guardias semanales de 650 euros netas, y su única propiedad es un armario de ropa cara. No quiere casa, no quiere hijos. Según su entorno, “todo el dinero se lo funde en alquiler+ropilla+vivir”. La pregunta que flota en el ambiente: ¿para qué estudió Medicina si al final se jubilará sin un piso?
El caso, que circula en círculos profesionales, ha reabierto un debate que trasciende lo individual. Porque no se trata de una excepción: es la punta del iceberg de una generación de mujeres con altos ingresos que eligen el consumo inmediato frente a la formación de familia. La cuestión no es moral, sino demográfica y económica.
El cálculo que no sale: 5.000 euros y cero ahorro
Los números, según los datos que se manejan, son estos: un médico con jornada de 8 a 17, una guardia semanal de 650 euros netos, y horarios que incluyen tardes de lunes, puede llevarse entre 4.000 y 6.000 euros al mes. Pero gasta 900 euros de alquiler, más ropa y ocio, y no queda nada para hipoteca ni para hijos.
En el otro extremo, una enfermera con 2.400 euros al mes, también sin hijos, pagaba 900 euros de alquiler y se quejaba de no llegar a fin de mes. La paradoja es que ambos trabajan en sanidad, un sector que lidia a diario con la muerte, y que, según algunos, genera una actitud carpe diem: “saben que por mucho que tengas, si te pilla la parca da igual”.
Libertad individual frente a externalidades negativas
Hay quien defiende que cada cual viva como quiera, mientras no dañe a nadie. “¿Qué problema hay? Si la opción que ha elegido la hace feliz, pues bien”. Pero otros señalan que la decisión colectiva de no tener hijos genera una “externalidad negativa”: se hunden las pensiones, se dispara la inmigración, y la sociedad autóctona se contrae. “No eres consciente de lo que significa que la mitad o más de una sociedad no tenga descendencia”, se advierte.
El diagnóstico no es nuevo, pero la discusión pone el foco en el perfil de mujer profesional que, teniendo recursos, elige no maternar. Algunos lo atribuyen a la hipergamia: estas mujeres no encuentran un hombre que gane más que ellas. Otros lo ven como una moda hedonista: “las mujeres se mueven por modas, y ahora la moda es el carpe diem: ganar mucho y gastar mucho, poner fotos en Instagram”.
El futuro que nadie quiere ver
Lo que preocupa no es la decisión individual, sino sus consecuencias sistémicas. El envejecimiento de la población, la presión migratoria y la inviabilidad del sistema de pensiones son las grandes amenazas. Frente a ello, surge la idea de que “inmigración a saco - caída de Roma. Esta película ya la he visto”. Y aunque algunos confían en que la ley del péndulo hará cambiar las cosas en la próxima generación, la realidad es que la tasa de natalidad en España sigue en mínimos históricos.
El dato que descoloca: una médica que gana más de 5.000 euros al mes no puede permitirse una hipoteca ni un hijo, porque su estilo de vida se lo come todo. Y la sociedad, mientras, se pregunta si el problema es de ellas o de un sistema que premia el consumo y castiga la crianza.
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