Por qué el sexo anal no cuaja en España pese al empuje mediático
Un patrón se repite en las encuestas que maneja este análisis. En el Reino Unido, la proporción de mujeres que habían probado el sexo anal pasó del
10% en los años noventa a una de cada cinco en 2010. Entre las millennials británicas, hasta un
30% lo había hecho antes de cumplir los 24 años. En
Estados Unidos la cifra llega al
45%. En España, el mismo tipo de medición se queda en el
5%. La brecha es tan grande que ya no se explica solo con pudor.
El fenómeno arrastra un relato que se repite en columnas y estudios financiados: la sospecha de que existe una campaña coordinada, desde los medios hasta la industria del juguete sexual, para normalizar una práctica que la mujer española rechaza. Conviene separar los datos de la teoría.
Los datos: del 10% al 45% en dos décadas
Las cifras dibujan una progresión que no fue gradual, sino en escalón. En el Reino Unido se pasó del 10% de los noventa al 20% en 2010, con sobrerrepresentación clara de las más jóvenes. El salto se sitúa entre 2010 y 2012, justo cuando las últimas millennials alcanzaban la madurez sexual. Al otro lado del Atlántico, el porcentaje de mujeres que declaran haber practicado sexo anal asciende ya al 45%.
En España los números se desploman. Un reportaje recogido en el material cifra en un
5% la población que practica la penetración anal. Los expertos citados insisten en derribar estereotipos —no es una práctica exclusiva de hombres homosexuales— y comparten recomendaciones técnicas, pero el dato se resiste a moverse. La distancia entre magnitudes es el núcleo del asunto: frente al 30% británico, el 45% estadounidense y el 5% español, no estamos ante un matiz, sino ante dos velocidades sociales distintas.
El papel de los medios: de la prensa de referencia a las revistas femeninas
Una parte del análisis sostiene que la prensa ha sido el altavoz del fenómeno. Se enumeran cabeceras de signo opuesto —desde el diario progresista de referencia hasta revistas de tendencias y medios conservadores— que habrían dedicado decenas de reportajes al asunto en pocos años. El argumento es que ninguna línea editorial se resiste cuando el tema vende.
Otra lectura, menos conspirativa, apunta a algo más simple. Los medios cubren lo que ya ocurre en la sociedad, y el sexo genera tráfico. La coincidencia temporal entre titulares y encuestas no demuestra causalidad. Correlación y campaña no son lo mismo, por mucho que el calendario encaje.
¿Interés comercial o ingeniería social?
Aquí entra el dinero. Un estudio sobre hábitos sexuales de los españoles, presentado como informativo, estaba financiado por una empresa de juguetes sexuales. La pregunta es obligada: ¿la insistencia responde a un interés de mercado?
Quienes defienden esa tesis topan con su propia lógica. Si el objetivo fuera vender juguetes anales, la mayoría de los artículos que promueven la práctica ni siquiera los mencionan. Y el nicho principal de esos productos no necesita campaña alguna. El negocio, si existe, es indirecto y difuso.
Sumisión, dominancia y otras explicaciones
La explicación cultural más repetida tiene que ver con el poder. Hay quien sostiene que la práctica se asocia a la sumisión y que la mujer española, como la italiana, tendría un carácter más dominante en la cama. Frente a eso se alega que el gusto por ser dominada no es incompatible con otras prácticas y que el rechazo español tiene más que ver con lo pecaminoso que con lo jerárquico.
Otro factor apuntado es la influencia de otras culturas. Se afirma que en Latinoamérica la práctica se vive con menos carga moral, y que esa naturalidad ha calado en el mundo anglosajón pero no en el español. La mujer española, se concluye, seguiría sus propias modas. El argumento encaja con una anécdota que circula en el material: una mujer que ronda los cincuenta relata que los hombres con los que sale insisten en la práctica y que, al negarse, la acaban dejando.
El riesgo para la salud: lo que sostienen las posturas enfrentadas
No todas las corrientes aceptan la normalización sin más. Hay quien advierte de riesgos a largo plazo y relaciona ciertas lesiones con la práctica, mientras otras voces lo niegan y atribuyen esos problemas a causas previas. Las fuentes sanitarias citadas no respaldan una relación causal directa, y el asunto queda abierto. En materia de salud conviene guiarse por criterio profesional, no por opiniones cruzadas.
Con estas cifras cabría esperar una convergencia tarde o temprano. Los datos apuntan justo a lo contrario: la brecha se mantiene y el 5% español no se mueve. Que la causa sea el pudor, la dominancia cultural o una campaña insuficiente sigue sin respuesta.