El dueño de La Sirena llama 'ratas' a los que no trabajan los sábados
El pasado 26 de mayo, José Elías, dueño de la cadena de congelados La Sirena y de Audax Renovables, declaró en una entrevista que "si eres feliz viviendo como una rata, fenomenal", refiriéndose a quienes rechazan trabajar los sábados por la mañana. La frase, recogida por El Economista, ha reabierto el debate sobre la jornada laboral, la precariedad y las expectativas de los empresarios españoles.
Las cuentas del empresario palillero
El argumento de Elías es directo: quien vive con dificultades económicas debería estar dispuesto a trabajar horas extra, incluidos los sábados, para mejorar su situación. "Hay gente viviendo como ratas que no está dispuesta a trabajar un sábado por la mañana", afirmó. La crítica no se hizo esperar. Desde el otro lado se le recuerda que su propia fortuna se forjó en un sector donde los márgenes y las comisiones opacas han sido cuestionados. Audax Renovables, su otra pata empresarial, acumula sanciones de la CNMC por prácticas fraudulentas con clientes (octubre de 2022) y una querella por presunto blanqueo (septiembre de 2024).
La alternativa de los electricistas
Mientras Elías defiende el trabajo sabatino, el hilo ha destapado un dato que resuena: los electricistas autónomos cobran entre 50 y 60 euros la hora, con ingresos mensuales que rondan los 3.000-4.000 euros. Una opción que choca con el discurso de que solo trabajando más horas se sale de la pobreza. "Trabajar los sábados no te va a sacar de pobre; lo más valioso es el tiempo", resume una de las posturas dominantes. La demanda de profesionales de FP, especialmente electricistas, es altísima, pero la burocracia para formarse como docente de FP exige 200 horas de cursillo y 5 años de experiencia, lo que disuade a muchos expertos.
El historial del imperio Elías
Las críticas no solo apuntan al mensaje, sino al personaje. Con una fortuna estimada en cientos de millones, Elías ha sido acusado de testaferrato y de haberse beneficiado de subvenciones públicas. Su red de tiendas La Sirena, a menudo descritas como "siempre vacías", genera dudas sobre su modelo de negocio. La demanda de transparencia se mezcla con la sospecha de que el empresario representa a una casta que quiere maximizar la explotación laboral mientras él disfruta de su yate. "Si yo fuese el gobierno, le metería unas inspecciones que se cagaría", ironiza un análisis.
El debate deja una conclusión incómoda: mientras el discurso empresarial insiste en la falta de cultura del esfuerzo, los datos muestran que ni trabajando los sábados se llega a fin de mes en las grandes ciudades. Y que, quizás, el problema no es la pereza, sino la distribución de la riqueza.
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