Padres agüelos: cuando el colegio se llena de canas
En una escuela rural de Gerona, la reunión de padres de infantil (3-5 años) reveló un patrón demoledor: salvo un inmigrante treintañero, todos los asistentes superaban los 40 años, muchos rozando los 50. No es una anécdota aislada; es el síntoma de un fenómeno que la demografía lleva años anunciando: la paternidad tardía se ha normalizado hasta el punto de que, en muchas aulas, los padres parecen abuelos.
El perfil del padre primerizo se dispara por encima de los 40
Un compañero de trabajo de 52 años acaba de ser padre por primera vez; su mujer tiene 44. Cuando el chaval tenga 20, el padre rozará los 72. No es un caso extremo: el umbral de los 40-50 años se ha convertido en la nueva normalidad para tener el primer hijo, sobre todo entre hombres con cierta estabilidad económica. La frase "menos un chaval inmigrante, el resto todos de 40 a 50 tacos" resume la fractura generacional: los jóvenes autóctonos no tienen hijos, y quienes los tienen llegan tarde.
El debate sobre si es sano o no: entre la madurez y la energía
Hay quien defiende que la edad aporta sensatez, recursos y, gracias al aumento de la esperanza de vida (de los 60 a los 90 años en tres generaciones), tiempo para criar. Se argumenta que siempre ha sido común que los hombres tuvieran hijos pasados los 40, solo que antes no solían ser los primeros. Por otro lado, las críticas señalan la falta de energía para aguantar un adolescente, el riesgo de dejar huérfanos a los hijos antes de los 30, y la carga que supone para el hijo tener que cuidar de padres muy mayores cuando aún es joven. "Serás viejo y estarás cuidando padres", resumen los escépticos.
Invierno demográfico y herencia: las dos caras de una misma moneda
El contexto económico no ayuda: el material escolar al 21% de IVA, la inestabilidad laboral y el precio de la vivienda empujan la paternidad hacia edades avanzadas, o directamente la anulan entre los menores de 35. Los que sí se aventuran suelen ser perfiles con mayor poder adquisitivo, lo que genera un curioso efecto: algunos ven en la paternidad tardía una estrategia hereditaria —"el hijo heredará la casa cuando el padre palmе"—, mientras que otros recuerdan que el impuesto de sucesiones puede llevarse por delante cualquier herencia.
La pregunta que nadie responde es si esta tendencia es reversible o si, como apuntan los optimistas, la mayor longevidad anula los inconvenientes. Por ahora, el debate deja claro que ser padre a los 50 ya no es una rareza, sino una decisión cada vez más común… y polémica.
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