Pablo Iglesias: «Maricarmen es nuestra Rosa Parks»
Pablo Iglesias ha puesto nombre propio a su última causa:
Maricarmen, a la que ha presentado como «nuestra Rosa Parks» y como el posible «movimiento reciente más importante». La comparación con la activista que desafió la segregación racial en Estados Unidos ha caído como un guijarro en un charco quieto. Nadie discute que el caso exista. Se discute con qué se compara.
Por qué la analogía con Rosa Parks no cuadra
El primer reproche es de simetría. Rosa Parks se sentó donde no le correspondía y acabó detenida; lo suyo, se argumenta, era una injusticia legal, no una disputa patrimonial. La analogía se sostiene mal cuando lo que hay encima de la mesa es el uso de un terreno o una propiedad:
la situación de partida no es la de quien está discriminado, sino la de quien dispone de margen de maniobra. De ahí que una parte del análisis hable directamente de
chanchullo y no de causa.
El segundo reproche es de escenario. Iglesias ha construido su carrera pública sobre causas colectivas; esta, en cambio, se presenta con una protagonista y un nombre propio. Y eso, a la hora de movilizar, pesa.
«Otro 15M» para salvar al PSOE
La lectura más cínica apunta al calendario. Hay quien sostiene que el objetivo real no es Maricarmen, sino
reactivar un espacio político propio antes de que el PSOE vuelva a ocupar el centro del tablero. La fórmula que circula es elocuente:
otro 15M. El reproche de fondo no es que la causa sea falsa, sino que llega tarde: después de cientos de desahucios y de años de silencio, el altavoz se enciende justo cuando hace falta una bandera.
La pregunta incómoda es otra: por qué unas víctimas suben al escaparate y otras se quedan en la cola.
¿Fue Rosa Parks una heroína espontánea?
Conviene recordar lo obvio:
Rosa Parks no actuó sola. Detrás había una organización con abogados, financiación y estrategia. El mito del gesto improvisado es cómodo, pero falso. Lo que cambió un país no fue un autobús, fue una estructura.
Ese detalle desactiva la comparación por los dos lados: ni la activista era una espontánea, ni la causa de Iglesias tiene aún la maquinaria necesaria para dejar de ser una foto.
Iglesias ha puesto el envite donde quería: en discutir si su causa es la de todos. El problema de compararse con Rosa Parks es que el listón que uno mismo se pone luego no admite rebajas. Y ahí, de momento, el análisis se queda sin respuesta.