¿Paguitas por IA o purga poblacional? El dilema de la renta básica
Un análisis que circula con fuerza sostiene que la inteligencia artificial no traerá una renta básica universal para todos, sino una reducción drástica de la población. La afirmación de Pablo Gil sobre «paguitas para todos» encuentra dos lecturas opuestas: la de quienes creen que el Estado distribuirá la riqueza generada por las máquinas, y la de quienes ven en ello la antesala de un control social extremo, con monedas digitales y crédito social.
Mientras, el Gobierno ya avanza en esa dirección: el pasado noviembre, el Ejecutivo aprobó la concesión automática del Ingreso Mínimo Vital a los desempleados que agoten el paro sin encontrar trabajo, según publicó El Economista. Una medida que algunos interpretan como el primer ladrillo de esa paguita universal, pero que otros ven como un parche que no resuelve el fondo del problema.
El consumo se rompe si nadie tiene ingresos
Desde el punto de vista macro, la paradoja es evidente: si la IA y los robots asumen la producción, ¿quién consumirá? Las máquinas no compran iPhones ni cenan fuera. Sin demanda, el modelo económico se rompe. De ahí que algunos analistas defiendan que la renta básica es inevitable para sostener el consumo. Pero el escepticismo es feroz: «cualquier dinero que se pueda recibir sin esfuerzo carecerá de valor», resumen los más críticos, apuntando a la inflación que generaría una emisión masiva.
La sombra de la reducción poblacional
El argumento más inquietante es el que sugiere que las élites no tienen interés en mantener a toda la población. Si la IA puede producir sin humanos, la eliminación del 80% de la población se presenta como una solución más eficiente que el reparto. La pandemia de 2020 se menciona como ensayo de control social y de gestión de la información. Aunque suene a conspiración, la lógica económica de fondo es implacable: mantener a miles de millones de personas improductivas tiene un coste que no todos están dispuestos a asumir.
El debate queda abierto: o la inteligencia artificial nos libera del trabajo mediante una renta universal, o nos convierte en una especie prescindible. La respuesta no está ni en los algoritmos ni en los discursos oficiales, sino en la correlación de fuerzas entre el capital, el Estado y una ciudadanía que, por ahora, sigue siendo mayoría.
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