La riada vuelve a Valencia y las obras siguen en el cajón
Media hora de diluvio. Un coche navegando por una calle de Valencia capital, el agua por encima de las aceras y los contenedores en mitad de la calzada. Así describen los vídeos que circularon durante el episodio de lluvia torrencial que volvió a azotar este septiembre la provincia, dos años después de la DANA de 2024. La lluvia paró casi tan rápido como llegó. La sensación de déjà vu, no.
Las alertas que suenan cuando ya ha llovido
Uno de los relatos más repetidos tiene que ver con los avisos al móvil. Hay quien asegura haber recibido tres alertas y que las tres llegaron después de que dejara de llover. En otras zonas ocurrió lo contrario: en la Ribera Alta llegó el aviso sin una gota y con sol por la tarde. La cronología de los mensajes de emergencia se ha convertido, otra vez, en el eje de la queja. No se discute que llegue el aviso, sino cuándo. En Paterna se suspendieron las clases por la mañana, y uno de los testimonios resume el episodio en treinta o cuarenta minutos y «más miedo que vergüenza».
Las obras de encauzamiento que nadie licita
El segundo frente es el de la infraestructura. El proyecto de encauzamiento pendiente sigue en el cajón, sostienen las críticas más repetidas: con los plazos de licitación y ejecución de una obra de esa envergadura, cualquier promesa caduca antes de que se mueva la primera máquina. La comparación con el viejo encauzamiento del Turia aparece una y otra vez, y con ella la sospecha sobre los embalses: si se abren compuertas, el agua acaba en el barranco del Poyo. La versión que se difunde desde el otro lado es que los pantanos no presentaban problemas. La disputa sobre quién gobierna y en qué invierte el dinero autonómico sigue abierta.
La urbanización que hace de dique
Frente al discurso de la lluvia excepcional, aparece en el hilo un argumento incómodo: el hormigón. Rotondas, polígonos, autovías y puentes funcionarían, según quien lo plantea, como diques que impiden que el agua se filtre y la empujan hacia donde no debe. Zonas que antes absorbían son ahora asfalto. En la Marina Alta, recuerda un participante, 300-400 litros en un día eran medio normales cada año. Con ese historial, el debate ya no es si volverá a llover así, sino por qué cada episodio se vive como una sorpresa.
El metro de Valencia ya se inundaba hace veinticinco años con episodios como este y sigue igual, según un testimonio. La única novedad, añade, es el tono del aviso en el móvil.