Ocho perecid al incendiarse un globo aerostático turístico en Brasil
El pasado fin de semana, un globo aerostático con capacidad para más de veinte turistas se incendió en pleno vuelo en una región no precisada de Brasil. Ocho personas fallecieron, entre ellas una familia entera. Las primeras hipótesis apuntan a una fuga de propano que habría inflamado la cesta de mimbre, convirtiendo la experiencia de vuelo en una trampa mortal.
Una mecha de gas sobre la cesta
Los globos aerostáticos turísticos utilizan quemadores de propano para calentar el aire. En este caso, según los testimonios recogidos, una avería en el sistema de gas —un manguito roto o una fuga— habría provocado una llamarada que envolvió la barquilla. Con veinte personas apiñadas, rodeadas de bombonas de gas y grandes quemadores, cualquier chispa es letal. No es el primer siniestro de este tipo: en 2013, un globo en Egipto se incendió cuando estaba a punto de aterrizar, causando 19 perecid. Allí, el conductor y un pasajero se lanzaron al vacío; el resto quedó atrapado mientras la cesta se elevaba descontrolada.
La tentación del riesgo y la foto de Instagram
Parte del análisis posterior al suceso se centra en la percepción del riesgo. Subirse a un globo aerostático es estadísticamente seguro —según algunos cálculos, tiene 1.400 veces menos probabilidad de accidente que un coche—, pero cuando falla, falla de forma catastrófica. La combinación de altura, combustible y una estructura de mimbre convierte cualquier incidente en tragedia. En las redes sociales, no faltan quienes señalan la paradoja de buscar emociones fuertes para acabar en una fotografía que nadie publicará. Como recordó un comentarista: «Enésima vez que la vida nos recuerda que el mundo no es un parque de atracciones».
¿Es posible un descenso de emergencia?
Los globos disponen de una cuerda que abre una ranura en la parte superior para liberar aire caliente y descender. Pero en un incendio, las llamas pueden dañar la cesta y hacer inaccesible ese mecanismo. Un usuario preguntaba por qué no se inicia un aterrizaje de emergencia en cuanto se ve el fuego. La respuesta técnica es que, muy probablemente, el fuego afecta primero a la barquilla y a los mandos, dejando la aeronave ingobernable. La opción de saltar no es viable a alturas de entre 150 y 1.000 metros. Algunos han sugerido instalar paracaídas acoplados a la cesta, pero el peso adicional y la logística lo hacen poco práctico.
La tragedia de Brasil reabre el debate sobre la regulación de este tipo de vuelos turísticos en países con supervisión laxa. Mientras la industria del turismo de aventura crece, los accidentes se repiten con una regularidad que invita a la reflexión. El problema no es el globo, sino lo que ocurre cuando la seguridad se convierte en un coste.