Óscar Puente se ha despedido de su cargo con un chiste gráfico de Forges en X y la publicación ha recibido respuestas que le acusan de haber provocado 115 muertos y le llaman «demente», «carnicero» y «perversa celebración onanista». La cifra de víctimas que aparece en esas respuestas es la que sostienen quienes las escriben.
La despedida de un ministro suele ser un trámite. Unas palabras, un agradecimiento, quizá una foto de familia. Óscar Puente eligió otra cosa: un chiste de Forges. La publicación en X, con el dibujo del humorista fallecido en 2018, se convirtió en el detonante de una tormenta de respuestas que no hablaban del chiste, sino de algo mucho más grave.
Qué se le reprocha en las respuestas
Las contestaciones a la publicación no tardaron. Varias le atribuyen 115 víctimas mortales y vinculan esa cifra con su gestión. Un usuario escribe que es «un día para recordar a las 115 víctimas mortales» y califica la despedida de «perversa celebración onanista». Otro va más allá y le llama «demente». Una tercera respuesta sostiene que «no todos son asesinos» y añade: «Tú sí». La cuarta habla de «116 muertos» y le llama «carnicero».
Es importante separar el tono del dato. Esas cifras son afirmaciones de quienes responden, no una cifra oficial contrastada en la publicación. El reproche de fondo es político: que se despida con humor cuando, según esos mensajes, hay muertos a los que responder.
El chiste de Forges como detonante
Forges, seudónimo de Antonio Fraguas de Pablo, murió en 2018 y fue el humorista gráfico más reconocido de la prensa española. Sus viñetas combinaban costumbrismo y crítica política. Usar una suya para despedirse de un cargo es, en sí, un gesto de guiño cultural.
El problema no es el dibujo. Es el contraste. Un chiste sobre una gestión que otros consideran catastrófica se lee como frivolidad. La ironía funciona cuando el receptor comparte el marco; aquí el marco está roto de antemano.
Por qué una despedida se convierte en polémica
La política española lleva tiempo instalada en la lógica del reproche directo en redes. Una publicación de despedida no cierra una etapa: abre un juicio público. El chiste de Forges, en ese contexto, no se interpreta como humor sino como provocación.
Lo que queda es un retrato de cómo se despide un cargo público en X: con un dibujo, con una cifra de víctimas que se repite en las respuestas y con insultos que ya forman parte del paisaje. El chiste era el mensaje; las respuestas, el verdadero contenido.