El PSOE plantea cupos de vivienda pública para mujeres: menos oferta, más clientelismo
La última ocurrencia del PSOE en materia de vivienda ha crispado el debate: reservar un porcentaje de los alquileres asequibles exclusivamente para mujeres. La medida, que ya está siendo analizada en círculos económicos, promete ser otro parche que no toca el problema de fondo -la escasez de oferta- y que, según sus críticos, choca frontalmente con el artículo 14 de la Constitución: la igualdad ante la ley.
¿Qué dice la propuesta?
La idea, filtrada a través de un artículo en Okdiario, es simple: establecer cupos por sexo en las viviendas protegidas para garantizar que las mujeres accedan a ellas de forma prioritaria. El argumento oficial es la «discriminación positiva», pero en la práctica, como señalan los análisis, no se crea ni una sola vivienda adicional. Se redistribuye lo poco que hay, cambiando quién gana y quién pierde sin aumentar la oferta. El resultado previsible: los hombres -especialmente jóvenes y divorciados- quedan fuera del mercado público.
Los datos que desmontan el relato
Mientras el PSOE se enfoca en el género, los datos del INE sobre sinhogarismo muestran una realidad incómoda: el 76,7% de las personas sin hogar en España son hombres. La brecha es abismal. Y no es un fenómeno menor: más de 15.800 personas han cambiado su mención de sexo en el Registro Civil desde la Ley Trans, un detalle que algunos esgrimen para señalar la facilidad de burlar el cupo. Pero lo relevante es que el 90% de los sin techo son varones, según la misma fuente. Reservar viviendas para ellas es, cuanto menos, una decisión política que ignora la fotografía completa.
Clientelismo electoral o política social
Hay quien ve en esta propuesta un movimiento calculado: las mujeres, junto con colectivos migrantes, son el caladero de votos del PSOE. La izquierda lleva décadas cultivando ese voto, desde la época de Zapatero, y la vivienda es la nueva zanahoria. El problema es que el intervencionismo estatal, con sus cupos y cartillas de racionamiento, ya se ha ensayado en otros ámbitos -patatas, pisos, lo que sea- y siempre termina igual: mercado negro, listas de espera y más burocracia. La oferta no aumenta, y el precio del mercado libre se dispara al retirarse viviendas del circuito.
¿Una cortina de humo?
Mientras el Gobierno pone el foco en el género, los problemas estructurales de la vivienda siguen sin abordarse: legislación hostil a la construcción, inseguridad jurídica para los arrendadores, e inspecciones insuficientes. La medida, si llega a aplicarse, no solo no resolverá la crisis, sino que probablemente la agravará: menos viviendas en el mercado, más requisitos para alquilar, y un caldo de cultivo para la confrontación social.
La historia nos dice que cuando los políticos ofrecen soluciones que no crean riqueza sino que reparten escasez, el único resultado es el malestar. Este cupo, si sale adelante, no será la excepción. El tiempo lo dirá.