El curioso caso de las listas de lecturas esotéricas: ¿cómo distinguir al lector real del coleccionista de nombres?
Que circulen por internet listas de libros prohibidos, ocultistas o de literatura densa no es nuevo. Lo que sorprende es la insistencia en compartirlas como si fueran un trofeo. Un reciente intercambio pone el foco en una selección particular: desde Rabelais y Cervantes hasta Lovecraft y Danielewski, pasando por los clásicos de la teosofía. Todo ello aderezado con enlaces repetidos y autores que aparecen varias veces.
La crítica no se hizo esperar: la lista parecía extraída del catálogo de una librería de viejo especializada en ocultismo y ciencia ficción de los 60. Se señaló que el 80% de los nombres son los mismos de siempre —Blavatsky, Crowley, Guénon, Evola— y que los autores se repiten hasta la saciedad. Pero lo más llamativo fue la sospecha de que quien compartía la lista no se había leído ni la mitad: cuando se le preguntó por Vollmann, admitió haberlo dejado a medias. Y al nombrar a Danielewski, el creador de 'House of Leaves', se le advirtió que acabaría explicando a los cuñados por qué hay páginas con tipografía invertida.
El examen que separa al lector del postureo
Ante la duda, se propuso un pequeño examen para verificar si realmente se ha leído algo. Las preguntas iban desde lo básico —¿qué libro desencadena la trama de 'El nombre de la rosa'?— hasta lo más profundo: la sombra de un personaje en 'Los detectives salvajes' de Bolaño. El desafío queda en el aire, sin respuesta en el intercambio. Algo que recuerda a la vieja máxima: el que presume de leer a Vollmann, miente o tiene mucho tiempo libre.
Lo que subyace es una tensión entre dos mundos: el del coleccionista de títulos, que confunde acumular nombres con saber, y el del lector real, que prefiere gastar el tiempo en leer antes que en adornar estanterías. La pregunta que queda es si las listas sirven para algo más que para alimentar el ego digital.