El pico del petróleo ya pasó: por qué la energía barata no vuelve
¿Se está acabando el petróleo o solo el petróleo barato? La pregunta que durante años se despachó como profecía de catastrofistas tiene hoy una cronología incómodamente concreta para quienes defienden esta tesis: el pico del crudo convencional habría llegado en
2006 y el del conjunto de los tipos de petróleo, en
2018. No es el final del combustible. Es el final de su etapa fácil, la que sostuvo el crecimiento del siglo pasado. La diferencia —pico no es final— es justo lo que separa el diagnóstico serio del titular apocalíptico.
¿Cuándo se alcanzó el pico del petróleo?
El techo del crudo convencional se sitúa en
2006, dos años antes de la crisis financiera, y el de todos los tipos de petróleo en
2018, con alguna datación que lo adelanta a 2015, según los mensajes que sostienen esta tesis. Desde entonces no hay desplome: hay meseta. Según una de las estimaciones lanzadas en el debate, la producción ha bajado en torno a un
2%, y aquí se nota poco; en países con gas y carbón abundantes, como Estados Unidos o Rusia, puede tardar décadas en notarse. En las economías que dependen del crudo importado, la cuenta llega antes.
La cifra que ordena el asunto es otra, según una de las intervenciones:
queda más o menos la mitad del petróleo del planeta. Y es la mitad difícil; la fácil ya se quemó. Ese es el malentendido que arrastra el término.
Peak oil no describe un agotamiento, describe un máximo de producción a partir del cual extraer cada barril cuesta más energía, más dinero y más tecnología.
Peak oil no significa que se acabe el petróleo
El pico es, paradójicamente, el momento de mayor bonanza: es cuando más crudo se saca y más fácil parece todo. Lo complicado viene después, cuando el sistema empieza a decrecer. Pero decrecer no equivale a caer por un precipicio: la meseta puede estirarse años o décadas, y con ella la sensación de que no pasa nada.
Hay un detalle que desmiente la idea de abundancia recuperada. Si quedara petróleo y gas como hace 80 años, no estaríamos recurriendo al
fracking para mantener en pie lo ya construido, con su coste ambiental y energético. Hay quien lo resume así: el problema no es que se extraiga demasiado, sino que hace falta hacerlo con métodos peores porque lo fácil ya no está. A eso se suma otra señal, apuntada en el debate: llevamos una década invirtiendo muy poco en buscar nuevos yacimientos, lo que agrava el desfase entre lo que se consume y lo que se repone.
El diésel, el fracking y el cierre de centrales
Un interviniente sostiene que el diésel no se puede destilar del petróleo no convencional que sale del
fracking y que, sin embargo, es el combustible crítico para la agricultura y el transporte pesado. En la misma línea, varios mensajes denuncian que las grandes ciudades europeas restringen su uso, que se derriban presas, se apagan centrales térmicas y se programa el cierre de nucleares, para después comprar electricidad a Francia o Marruecos producida con los mismos medios. La secuencia tiene su lógica si la energía es el cuello de botella.
Aquí aparece el cruce de relatos. Una parte del análisis sostiene que el consumo de petróleo y gas se está reduciendo por el techo energético y que el discurso climático funciona como coartada para racionar sin decirlo. Otra lo ve al revés: la descarbonización sería la excusa política que oculta un problema físico que nadie quiere explicar en televisión. Ninguna de las dos versiones se puede zanjar con los datos que maneja el público.
Guerras, sanciones y quién controla el grifo
Para quien mira por el retrovisor del pico, el mapa encaja. Países cuyo principal negocio es extraer petróleo del subsuelo figuran, según uno de los intervinientes, entre los de mayor renta por habitante; las guerras se libran donde hay hidrocarburos; y las sanciones a Rusia no le han dejado sin clientes, incluida la UE para su gas y su petróleo, mientras grandes compradores almacenan sin pudor. Desde esa óptica, sin entender el techo energético no se explica casi nada de lo ocurrido en el siglo XXI.
La escena humana no le va a la zaga. Hay quien recuerda a un investigador del CSIC que hace unos doce años decía estar aprendiendo a cultivar patatas ante un eventual desabastecimiento, y que hoy sigue en su puesto y en los medios. La anécdota resume el estado del asunto: avisos que envejecen mal, audiencias que se mudan y una factura que, mientras tanto, sigue llegando todos los meses.
El yacimiento que «se rellena solo»
No todo el mundo acepta el marco. Una tesis defiende que el pico es un timo y que las cifras oficiales están tan manipuladas como otras. La versión más extrema, no respaldada en el material, sostiene el origen abiótico del petróleo y afirma que los yacimientos supuestamente agotados se rellenan de forma espontánea. La refutación que se dio en el debate pasa por la química y por el ejemplo de Titán: que haya hidrocarburos en la luna de Saturno no valida el mecanismo terrestre.
El cálculo que se lanzó al cruce fue elemental: sostener la civilización actual durante dos siglos exige unos
5.986.000 millones de barriles, casi 6 billones, una cifra que no aparece en ningún inventario público. La respuesta fue que los modelos son unidimensionales y no contemplan la variable tiempo. Con ese intercambio, la discusión sigue tan abierta como al principio, lo que no impide que para otros el pico no sea opinable.
Un pico del que ya apenas se habla
El debate ha derivado hacia dónde va el dinero. La tesis de fondo es que el siglo XX topó con la falta de medios de producción y de mano de obra, mientras que el siglo XXI topa con la falta de materias primas y energía. Sobre esa base, el crecimiento se limitó sin que la mayoría lo notara y el pesimismo se instaló como estado de ánimo de fondo.
El cambio de conversación también tiene un componente de cansancio. Buena parte de quienes advertían del pico llevan años sin discutirlo: la época de avisar pasó, dicen, y ahora toca ver cómo se apaga la luz desde la distancia, entre la resignación y la ironía. El relevo lo tomó otro relato, más cómodo de repetir y menos incómodo de comprobar. Y no es lo mismo.
¿Qué fue de los que sostenían que la energía es la base de la producción de todos los bienes y servicios? Nada. Siguen teniendo razón, solo que hace tiempo que nadie les pregunta. Resulta más rentable discutir quién prendió el fuego que mirar la factura de la calefacción. El pico del petróleo dejó de estar de moda mucho antes que el petróleo barato.